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Algunos apuntes sobre nuestro taller de “Familias Inteligentes”

  1. El pasado 10 de junio en Idealoga Psicología contamos la presencia de Antonio Ortuño, quien se encargó de realizar la formación para profesionales englobada en nuestra serie de talleres “Neuronas y Tornillos”. En el taller “Familias inteligentes, aplicación práctica de la parentalidad positiva”, durante cuatro horas repasó las claves y técnicas que utiliza en su práctica profesional con familias.

De una forma muy gráfica, plantea que la crianza es vivida como si consistiera en cruzar un puente sustentado por dos pilares: uno de ellos representa la atención a las emociones, los cuidados, el apoyo incondicional, etc., mientras que el otro supone el control, los límites, la gestión de conflictos, etc. Es mediante este símil que busca la integración del plano emocional y el conductual, siendo muy amables con los sentimientos y muy coherentes con las conductas.

Otro elemento clave está en definir el locus de control de la persona que tiene que tomar una decisión, en este caso la familia de la persona adolescente. En un principio, en la primera infancia, todo el locus de control es estrictamente interno y la familia ha de decidir todo. A medida que se va transitando de la infancia a la adolescencia, se va ganando autonomía y el control comienza a ser compartido o directamente externo. En base a este fenómeno desarrolla el “semáforo inteligente” que consiste en otorgar a cada momento del desarrollo vital y relacional un color:

  • Semáforo rojo: La habilidad es decir “no”. Son situaciones en las que las decisiones son íntegramente de la familia. Es vital entender que sólo se pueden incluir en este semáforo aquellas decisiones donde haya control estricto y real por parte de la familia. Si la persona  adolescente puede decidir a ese respecto, no hay un locus de control interno real aunque se desee.

En este momento aparecen tres factores a tener en cuenta:

  • Emoción: La respuesta ha de ir orientada a acoger los sentimientos mediante la autoridad empática. Esto es, en definitiva, mantenerse firme en el no, pero teniendo en cuenta cómo se siente la otra persona, de una manera amable que no haga cambiar el mensaje. Por ejemplo: “Entiendo que te gustaría y me imagino como te sientes, pero ahora no es posible…”
  • Solicitud de explicación: La respuesta ha de ser breve, existe cierta tendencia a emplear muchos argumentos, motivos y razones para justificarse, lo cual engrosa más el conflicto.
  • Manipulación: Es una herramienta fundamental que utilizamos todas las personas en ciertos momentos, las familias, los y las adolescentes, niños y niñas. La pauta es no entrar en esta dinámica, conseguir que no funcione.

 

  • Semáforo amarillo: La decisión es compartida. Cumple varias funciones, entre ellas aprender a tomar decisiones, asumir responsabilidades y desarrollar la capacidad de autocontrol.

Retomando el símil del puente y sus dos pilares, por un lado es vital transmitir que su decisión será respetada y acogida emocionalmente. Por otro, habrá una respuesta coherente con las conductas. Por ejemplo: El o la adolescente decide no hacer la cama y después pide jugar a las cartas. Se respeta la decisión de no hacer la cama y ante la petición de jugar, de manera positiva, se expresa lo bien que estaría, pero que tendrá que ser después de hacer la cama. De nuevo, brevedad, asertividad y legitimación emocional. Hay que transmitir que el acuerdo alcanzado (no hacer la cama) es válido, que es una decisión compartida por ambas partes y que tiene consecuencias, todo ello desde la tranquilidad y el reconocimiento de las emociones. Además, se deja claro que es posible generar nuevos acuerdos cuando cambie la situación, con el fin de poder reconducir aquellas cosas que creamos que se puedan mejorar.

 

  • Semáforo verde: El control está en el o la adolescente, la familia simplemente acompaña. Es una oportunidad para demostrar que se es coherente. Este momento implica riesgos pero son necesarios para permitir que se asuman responsabilidades. Es importante comenzar a fomentar cuanto antes este proceso: un buen comienzo es desde la primera infancia con situaciones o tareas adaptadas a las capacidades evolutivas. La idea es comenzar por lo simple para evitar situaciones complicadas.

Es importante resaltar que cada familia decide su semáforo en función de sus ideas y valores. No existe una fórmula mágica que funcione siempre y se pueda aplicar en todo momento. Sin embargo, lo realmente importante es cómo se va creando este semáforo, si es mediante la aceptación, el fomento de la autonomía y la coherencia, o si es todo lo contrario. Además es necesario compartir nuestro semáforo personal con las demás figuras de referencia familiar, para tratar de que el mensaje sea lo más coherente en la medida de lo posible.

Desde Idealoga Psicología damos las gracias a Antonio Ortuño por el tiempo que ha dedicado a compartir su experiencia y buen hacer profesional, así como su disponibilidad y cercanía. Del mismo modo, agradecemos a todas aquellas personas que asistieron al taller y lo hicieron posible.

Nos vemos en el próximo.

Jacobo Blanco

RECURSOS:

Web de Antonio Ortuño

El caso de Edda: un análisis técnico

Por el equipo de Idealoga Psicología

Desde Idealoga Psicología valoramos y agradecemos la valentía de mujeres como Edda, que han sido capaces de reconocerse en situaciones de violencia machista, empoderarse nombrando su realidad y hacerse portavoces ellas mismas de sus cambios. El texto que ella ha compartido, a través de nuestras redes y web, está dirigido a que otras mujeres (y hombres) se puedan reconocer en él y transformarse. Por eso, en esta ocasión, analizamos desde un punto de vista técnico su testimonio, compuesto de tres entregas: “Soy una yonqui”, “Recaer” y “De viaje”.

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Identificar que eres víctima de violencia machista es el primer paso para salir de una situación así, pero… ¿y después? Salir de un proceso como este y sanar las heridas que te deja en el autoconcepto y la autoestima no es ni mucho menos una tarea fácil. Así lo explica Edda en sus tres textos, que ella misma escribe como parte de su terapia en Idealoga Psicología y que quiso compartir con otras mujeres a través de nuestra web por si pudieran serles de ayuda.

Es importante entender la dependencia emocional que se genera en el proceso de violencia machista, debida en parte a la presión, por parte de los maltratadores, de que la mujer se aleje de su entorno afectivo. De ello surge la sensación, por parte de las mujeres, de necesitar a esa persona para ser feliz, para sentirte bien. Durante mucho tiempo el maltratador machista ha provocado tal situación de tensión, de malestar, que cuando aflojaba la presión, produce alivio. Pero el alivio no es bienestar ni felicidad; el alivio viene después de una situación de tensión o de angustia.

Existen numerosas teorías que explican la dependencia generada en una situación de violencia machista. Este es un breve repaso por algunas de ellas:

  • Teoría de la indefensión aprendida  (Seligman,1975; Walker, 1979): la persona que durante un largo período de tiempo sufre maltrato de forma impredecible e incontrolable llega a un estado de indefensión que hace más probable su permanencia dentro de la relación. Asimismo su malestar, apatía, falta de motivación, etc… interfieren en su proceso de toma de decisiones.
  • Teoría de la unión traumática (Dutton y Painter, 1981): esta teoría explica el vínculo emocional que se establece entre dos personas cuando una de ellas provoca maltrato intermitente en la otra.
  • Modelo del castigo paradójico (Long y McNamara, 1989): este modelo explica que la permanencia de la situación de maltrato se debe a las contingencias de reforzamiento que se establecen en función de un patrón cíclico de interacción que está consolidado en el tiempo en cinco fases:
      1. Formación de la tensión
      2. Descarga de la tensión por el maltratador
      3. Escape de la víctima
      4. Arrepentimiento del agresor
      5. Vuelta de la víctima a la relación.
  • Modelo de la intermitencia (Dutton y Painter, 1993): las víctimas de maltrato pueden devaluarse e idealizar al agresor debido a la diferencia de poder entre la víctima y el agresor, así como la intermitencia extrema entre el buen y el mal trato.

Como explica Edda en sus textos, la separación de la pareja es un paso importante, pero no es el único ni el último. Analizar y contar lo ocurrido y vivido, identificar las violencias por sutiles que sean, aprender a amarnos, confiar en nosotras, aprender a poner límites, pedir ayuda, generar apoyos, conectar con nuestros deseos y necesidades o reparar y sanar el daño recibido son algunas de las claves que debemos trabajar. Edda refleja también su angustia al descubrir, tras la separación, el riesgo que tiene de reproducir lo vivido. El miedo a necesitar un hombre para sentir que vale.

Otra de las claves fundamentales en este tipo de procesos es identificar la violencia. Existen diferentes tipos de violencia:

  • Violencia física: empujones, bofetadas, golpes, pellizcos, mordiscos, palizas.
  • Violencia psicológica: amenazas, vejaciones, coacción verbal, insultos, aislamiento, descalificación, órdenes, privación de libertad, ridiculización, destrucción de objetos, desautorización, control del dinero, manipulación afectiva.
  • Violencia sexual: cuando te imponen una relación con tu cuerpo que tú no quieres por cualquier motivo.
  • Violencia económica: estar fuera del control económico de los recursos familiares y tener que pedir dinero para los gastos comunes, en lugar de compartir trabajos, tareas y recursos. También es control económico no consultar a las mujeres sobre los grandes gastos e inversiones del dinero familiar.
  • Violencia simbólica: reproducir los roles sociales, el status y las asignaciones asimétricas de género que la sociedad reconoce. Es una violencia que pasa desapercibida pues se alimenta de las creencias y la cultura popular.

En el caso de la violencia psicológica, existen una serie de indicadores que ayudan a detectarla (como se refleja en la Guía de los buenos amores):

  • La destrucción de objetos con un especial valor sentimental.
  • Insistencia en considerar a la víctima loca, estúpida o inútil.
  • Culparle de todo lo que sucede.
  • Ignorar su presencia.
  • Mirarla con desprecio.
  • Manifestar celos y sospechas continuas.
  • Dejarla plantada.
  • Nunca darle explicaciones de nada.
  • Mentirle.
  • Inducirle al suicidio y/o amenazarle con suicidarse él.
  • Tratarla como a una niña pequeña.
  • Elogiarla y humillarla alternativamente.
  • Hacerle regalos y luego quitárselos.
  • Exigirle que adivine sus pensamientos, deseos o necesidades.
  • Revisar sus cajones y pertenencias.
  • Abrir la correspondencia personal y escuchar las conversaciones telefónicas.
  • Abrir los mensajes del correo electrónico, Messenger, redes sociales, etc.

También para el maltrato social existen indicadores:

  • El maltrato verbal en presencia de terceras personas, el control de las relaciones externas (familia, amigos, llamadas de teléfono).
  • Sabotea los encuentros familiares.
  • Impide que lo acompañes a actividades o impone su presencia a la fuerza.
  • Se hace la víctima en público diciendo que ella lo maltrata.
  • Incluye el control constante de las actividades y provoca que la víctima se auto-aísle para no enfurecer al maltratador y así evitar “ponerse en evidencia” ante amigos y amigas o familiares.
  • La víctima pasa a rendir cuentas de cada movimiento.

Por último, hay que entender cómo se desarrolla la violencia, en qué consiste el denominado “ciclo de la violencia”. Leonor Walker (1979) lo explicó en 3 fases:

 

  • Fase de la acumulación de tensión: se destruye la comunicación, la tensión crece, ella intenta calmar la situación.
  • Fase de explosión violenta: abusos, intimidación, amenazas, acusaciones, agresiones verbales, psicológicas, físicas y /o sexuales.
  • Fase de “Luna de miel”: se prometen cambios, “no volverá a pasar”, se pide perdón, ya no hay agresión, él se muestra cariñoso y amable.

 

Para poder sanar las repercusiones psíquicas del maltrato hay que realizar un proceso psicológico complejo, en el que una buena terapia puede servir como punto de partida para acompañar el proceso de la víctima. El caso de Edda es un ejemplo de cómo se puede salir de una situación de violencia machista, por difícil que parezca al principio. En nuestro caso, como profesionales, nos resultan fundamentales las aportaciones de investigadoras feministas y del propio movimiento.

Nos queremos vivas, nos queremos sanas, nos queremos bien.

 

MATERIALES COMPLEMENTARIOS:

Guía de los buenos amores

No te líes con los chicos malos

Los vínculos amorosos (Fina Sanz)

Claves feministas para el empoderamiento de las mujeres (Marcela Lagarde y de los Ríos)

TESTIMONIO DE EDDA:

Testimonio de Edda, parte 1: “Soy una yonqui”

Testimonio de Edda, parte 2: “Recaer”

Testimonio de Edda, parte 3: “De viaje”

“De viaje”

Edda es una paciente de Idealoga Psicología. Llegó a la consulta por problemas de pareja y descubrió que estaba viviendo una situación de malos tratos. Escribir lo que sentía le ayudó a identificar su problema. Ahora comparte esos textos que escribió en tres partes: el primero al poco tiempo de tomar la decisión de separarse, el segundo meses después y el último en la actualidad. “Lo escribí para mí. Pero lo comparto feliz por si a alguien le aporta”, dice Edda. Este es el tercero y último de sus tres textos:
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5 meses después de Yonqui, 3 meses después de Recaer, ahora estoy De viaje.

Me siento liberada del abuso, aliviada de haberlo dejado atrás, orgullosa de haber dado el paso, de haberme atrevido a saltar, de haber vencido el miedo, de haber sido capaz de pedir ayuda. Me siento empoderada, libre, capaz. Y recorriendo un viaje apasionante hacia dentro de mí para entender y sanar lo que ya estaba roto antes de conocer a mi ex. Para identificar y curar las heridas nuevas y profundas que él me causó. Para estar protegida y no volver a dejarme someter, para identificar las violencias por sutiles que sean, para aceptar mis deseos como legítimos. Para no volver a volatilizarme al lado de una pareja.

Este viaje es apasionante, pero no exento de lágrimas. Me remuevo, se despiertan los fantasmas, me bloqueo, me caigo, me levanto con más impulso. Tengo ganas de salir, de bailar, de hablar y hablar y hablar…

La relación con el padre de mi hijo duró 13 años, en los que casi me aisló. Cambié de amigos, casi nadie fue consciente de mi transformación. No sé ni cómo expresar la alegría de reencontrarme ahora con muchos de ellos, que me han recibido como si hubiese estado simplemente lejos. Siento que vuelvo a ser yo, a expresarme sin tenerle a él como gran censor en mi cabeza. A decidir sobre mi vida y sobre mi cuerpo. 

Aun me queda mucho por recorrer, mucho por desaprender y mucho que sanar. Pero yo no estoy sola. Tengo una terapeuta que me guía y que me abraza. A ella le debo esta segunda oportunidad de vivir una vida plena. Y tengo una bellísima red de amigas-hermanas que hacen el camino conmigo. Nos escuchamos, nos sostenemos, nos abrazamos y nos lo pasamos bomba.

A veces me invade la rabia por todo lo que me han hecho y me he dejado hacer. ¿Donde estaba yo? Estoy aquí ahora. Disfrutando cada día, cada experiencia, cada revelación. Investigando con ilusión, orgullosa de lo que descubro y profundamente feliz de vivir esta experiencia entre hermanas.

“Recaer”

Edda es una paciente de Idealoga Psicología. Llegó a la consulta por problemas de pareja y descubrió que estaba viviendo una situación de violencia machista. Escribir lo que sentía le ayudó a identificar su problema. Ahora comparte esos textos que escribió en tres partes: el primero al poco tiempo de tomar la decisión de separarse, el segundo meses después y el último en la actualidad. “Lo escribí para mí. Pero lo comparto feliz por si a alguien le aporta”, dice Edda. Este es el segundo de sus tres textos:
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El carrusel de sentimientos y emociones. La montaña rusa de estados de ánimos y pensamientos. La mente intentando poner orden en las tripas, que se rebelan. La disociación que ha estallado por los aires.

Los meses anteriores de calma, frialdad, eficacia, eficiencia, decisiones, pensar, hacer, actuar, ejecutar, resolver, siguiente, resolver, siguiente, resolver, resolver, resolver…

Lo estoy haciendo bien, estoy muy bien, lo estoy haciendo muy bien. Estamos muy bien. Así debe de ser. ¡No era tan difícil! Decidir, ejecutar, hablar, analizar. Mucha mente, mucha lógica, mucho análisis, poca pena. La metadona funciona, parece.

Y puf, se esfuma.

Ansiedad, llorar, no poder pensar, no poder hacer, solo llorar, que alguien se ocupe de mi vida por favor. De mi casa, de mi hijo, de mi curro. Yo no puedo. Yo solo puedo llorar y esperar a que llame, a que escriba, a saber de él. Ha invadido mi vida, mi cuerpo, mi mente, mi pensamiento, mis tripas, mi tiempo, mis ganas, mi ilusión.  Estoy pero no soy. Quién soy??

Dónde estoy?? Donde está todo el trabajo anterior? Las convicciones, los análisis, la alegría, el alivio, el saber que avanzo, el saberme fuerte.

Un roce de piel, un polvo, una noche de sexo y me volatilizo. Dejo de ser y de estar en mi vida. Ya solo quiero vivir agazapada en el huequito de su vida que él decida, sin molestar.

Parecía una buena idea buscar con quién follar, así sin más.

Pero no. Si me rozan, me destruyo. Si me gusta, desaparezco. Aun no puedo volver a probar las drogas.

“Soy una yonqui”

Edda es una paciente de Idealoga Psicología. Llegó a la consulta por problemas de pareja y descubrió que estaba viviendo una situación de violencia machista. Escribir lo que sentía le ayudó a identificar su problema. Ahora comparte esos textos que escribió en tres partes: el primero al poco tiempo de tomar la decisión de separarse, el segundo meses después y el último en la actualidad. “Lo escribí para mí. Pero lo comparto feliz por si a alguien le aporta”, dice Edda. Este es el primero de sus tres textos:
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¿Pero por qué volvió con él? ¡Retiró la denuncia! ¿Cómo podía no darse cuenta? Aquí hay gato encerrado. Ella no es tonta, algo habría ahí que no sabemos. Si no, no se explica. Es imposible que te hablen y traten así y con todo y con eso tú decidas olvidar y volver. A lo mejor no era para tanto, a lo mejor exageró. No sería tan así como lo contó. Hay algo que no cuadra. Es que si fuese así no vuelves. Nadie vuelve para que le machaquen.

Yo también pensé esas cosas. Hasta que me pasó a mí. Y entonces, en todo el penoso y difícil proceso descubrí que no solo era una superviviente de maltrato. También era una yonki. Mi ex era la heroína. Estaba enganchada.

Aunque nunca me haya metido nada por las venas, estoy convencida de que los y las adictas al caballo saben que la heroína les destruye sus vidas. Les destruye el cuerpo, les destruye el círculo social, el futuro. Pero les proporciona también un inmensísimo (aunque efímero) placer. Coge el mejor orgasmo de tu vida, multiplícalo por mil y ni siquiera andarás cerca. Así lo definen en Trainspotting. Y ahí nace el enganche.

El maltrato no es que alguien te trate mal. A todas nos han tratado alguna vez mal en un restaurante, en una tienda, en la cola de embarque de un avión, en la escuela, en la universidad, en el supermercado, en un hospital. Eso no es maltrato. Porque en ninguno de esos casos quieres después abrazar a la persona que te ha tratado mal. En una relación de maltrato en la pareja, sí.

No soy médico, ni psicóloga, ni psiquiatra. No sé cuáles son los mecanismos cerebrales que se estropean en una relación de maltrato. Pero sé que existen.

Algo hay en la bioquímica del cerebro que provoca que SIENTAS que la persona que te está destruyendo sea también la (única) capaz de sanarte, de reconfortarte. Sólo él tiene el bálsamo. Y es muy difícil renunciar a la esperanza de que, esta vez sí que sí, te lo dará y estarás bien.

Mi cerebro no es capaz de asociar espontáneamente a mi ex con la causa de mi dolor. No es capaz, no funciona. Mi consciencia sí que puede, pero siempre llega tarde.

Tengo 35 años. He sobrevivido a 13 años de maltrato psicológico. Hace apenas dos meses que me di cuenta de mi situación y solo uno que me separé. Estamos en guerra por la custodia de nuestro hijo (3 años). Mi ex no me quiere soltar, nada está siendo fácil. Soy plenamente consciente de que la guerra es hacia mí. Quiere que vuelva con él o destruirme (quizás ambas cosas sean lo mismo). Lo denuncié después de que agrediera a alguien de mi familia delante del niño. La causa está archivada provisionalmente y recurrida. La guardia civil apreció riesgo bajo. Me llaman de vez de cuándo.

Hasta que el juez se pronuncie, está tolerando que yo tenga la custodia. El niño pasa con él algunas tardes a la semana y findes alternos. Cuando me entrega al niño, nunca pierde la ocasión de hacerme mierda, delante del crío. ¿Pero qué siento yo el instante anterior a que abra la boca, cuando entro en el bar y le veo jugando con el niño? Ternura. Deseo que todo haya sido un mal sueño. LO QUIERO ABRAZAR. Y que me abrace. Y que todo vuelva a estar bien. 

Mi consciencia me habla: NUNCA ESTUVO BIEN. No hay nada que rascar. Este hombre te hace daño deliberadamente y le hace daño a mi hijo intentando destruir a su madre. Yo no merezco esto.

Soy una yonqui pasando el mono a pelo. ¿Alguien que me pase metadona?

Cuando el “amor” nos daña

Por Eva Barrio 

Imagen de Natalia Belizon

 

Últimamente me encuentro en mi consulta con numerosos casos de chicas que me piden ayuda porque no se encuentran bien. No identifican el motivo pero sí saben que “algo” les provoca malestar. Ese “algo” se traduce en ansiedad, angustia, estado de ánimo bajo,  dificultad en la concentración, insomnio…

Me llama la atención, cuando empezamos a explorar su momento vital: situación familiar, laboral, relaciones afectivas… cómo normalizan situaciones en las que están sufriendo, y mucho. Situaciones relacionadas con las relaciones de pareja.

Por esta razón he decidido escribir este artículo, en el que propongo algunos indicadores que nos pueden ayudar a identificar algunas situaciones difíciles de afrontar o que nos causan sufrimiento. Estos indicadores pueden funcionar como “activadores de alarma, y nos pueden dar pistas de que algo no está bien o nos crea malestar en nuestra vida, en las relaciones personales, de pareja, etc.

¿Qué indicadores tenemos que tener en cuenta para saber cuándo “el amor” nos daña?

  • Cuando el control se camufla de interés hacia la otra persona: saber con quién salgo, dónde salgo, quién da a “me gusta” en mis redes sociales, comprobar si estoy en línea o no, en el watshapp, etc., no es un indicador de que la otra persona se interese por mí, es un indicador de control.
  • Los celos no son un indicador de amor, los celos son un indicador de inseguridad y falta de confianza.
  • Sentir miedo o pena hacia la otra persona: acceder a las necesidades o deseos de la otra parte desde estos sentimientos no es sano, cuando así lo hacemos nos llenamos de rabia y reproches.
  • Los silencios: cuando nos enfadamos necesitamos un tiempo para poder restablecer el contacto de una manera sana, sin querer dañar o destruir a la persona que ha desencadenado nuestra rabia. Un tiempo no son días ni semanas, cuando son días o semanas es un castigo, una manera de manipular a la otra persona.
  • La desatención: cuando nuestras necesidades y deseos no son atendidas ni escuchadas casi nunca por la otra persona y nos sentimos culpables porque nos dicen que pedimos mucho, que no somos pacientes…
  • “Amenazar con el vínculo”: la ruptura o duda en el vínculo no es una manera adecuada de gestionar los conflictos ni de resolverlos. En estas situaciones la persona que recibe la amenaza suele ceder pero por miedo al abandono, a la pérdida.
  • Compartir momentos o experiencias con otras personas no es un indicador de desamor o descuido a la pareja. Dar importancia a la relación no implica que ésta se convierta en lo único y lo más importante siempre.
  • Sentir miedo hacia lo que tu pareja pueda hacer o cómo pueda reaccionar ante tus opiniones, sentimientos, o actos.
  • Cuando la culpa o la pena nos mantienen en la relación. Mantener la relación porque nos sentimos culpables de lo que le pase a la otra persona si no estamos con ella hace mucho daño al vínculo y a las partes implicadas.
  • Los gritos, insultos, amenazas o golpes no son expresiones de la rabia, son conductas violentas.

¿Qué indicadores podemos tener en cuenta para saber que una relación es sana?

  • Cuando las personas se quieren, se respetan y se divierten estando juntas.
  • Tratarse bien, con ternura y sin faltarse al respeto.
  • Tener confianza mutua y no comprobar si lo que hace o dice la otra persona es verdad.
  • Tener diferentes opiniones y poder hablar de ellas sin que ninguna parte imponga su opinión.
  • Compartir experiencias y momentos, sin dejar de disfrutar de tiempo y espacios personales para estar con tus amistades, familia o realizar una afición, sin que te moleste que la otra persona haga lo mismo.
  • No abusar de la otra persona pidiéndole constantemente que haga cosas por ti.
  • Poder expresarnos con total libertad.
  • Aceptar y respetar las opiniones, gustos, actividades, amistades… de la otra persona.
  • Apoyarse mutuamente en planes y proyectos aunque éstos no siempre coincidan.
  • Reconocer cuando nos hemos equivocado.

Yo soy yo

Tú eres tú

Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas

Tú no estás en este mundo para cumplir las mías.

Tú eres tú

Yo soy yo.

Si en algún momento o en algún punto nos encontramos

Será maravilloso

Si no, no puede remediarse

Falto de amor a mí mismo

Cuando en el intento de complacerte me traiciono

Falto de amor a ti

Cuando intento que seas como yo quiero

En vez de aceptarte como realmente eres

Tú eres tú y yo soy yo

(Fritz Perls)

Taller sobre “Familias inteligentes”

Continuando con sus talleres prácticos para profesionales “Neuronas y Tornillos”, Idealoga Psicología presenta su taller “Familias inteligentes. Aplicación práctica de parentalidad positiva”, que se celebrará el sábado 10 de junio de 10 a 14 horas.

El taller está impartido por Antonio Ortuño Terriza, Psicólogo Clínico especialista en Infancia y Adolescencia y Terapeuta Familiar. Lleva desde 1990 asesorando a familias, tanto desde el ámbito público como privado, para que puedan ejercer sus funciones parentales de una forma respetuosa, positiva y con buenas prácticas. Es el Director del Centro de Psicología y Asesoramiento Educativo FAMILIAS INTELIGENTES S. L., y se dedica a labores tanto terapéuticas como formativas, realizando conferencias a diferentes agentes educativos por todo el territorio nacional e internacional. Colabora con la CEAPA, la Dirección General de Familias del Ministerio de Sanidad y Asuntos Sociales…

CONTENIDOS:
• Parentalidad positiva: funciones parentales.
• Presentación de la técnica del semáforo inteligente: la autoridad empática, habilidades para negociar, el traspaso de la responsabilidad.
• La brújula de los conflictos.
• Las habilidades parentales: evaluación y pautas educativas.
• Aplicaciones educativas del semáforo inteligente.

DATOS BÁSICOS:

Fecha: sábado 10 de junio de 2017
Horario: de 10 a 14 horas.
Lugar: Colaboratorio Acacias. Paseo de las Acacias 3, 1ºA, 28005 Madrid / Metro y Renfe: Embajadores / Autobuses: C1, 27, 34, 36, 116, 118, 119
Precio: El precio del taller es de 30 
Más información o dudas: jacoboblanco@idealoga.org

INSCRÍBETE AQUÍ: 

 

Terapia de pareja: reflexiones y claves…

El pasado 19 de Noviembre, y de la mano de Carmen Benítez Méndez  (psicóloga, psicoterapeuta y miembro supervisora y didacta de la AETG), llevamos a cabo en Idealoga Psicología el taller de Neuronas y Tornillos dedicado a la terapia de pareja titulado: Cuando un “parasiempre” se tambalea. El taller estaba orientado a profesionales de la psicología que quisieran ampliar sus conocimientos en terapia de pareja.

 

Durante la sesión, se dedicó la primera mitad a hablar de la importancia y los aportes que realiza la mirada Gestalt a la materia. Especial énfasis tuvo la idea de que a la hora de reparar hay que tener en cuenta que el Todo está en la parte y la parte en el Todo; por lo que un cambio en una parte supone un cambio en el Todo. Esta idea permite entender que no es necesario la reparación de todas y cada una de las heridas para acercarse al bienestar, pues pequeños pasos tienen repercusiones importantes.

 

Además, se habló del “análisis transaccional”, donde la ponente esbozó los dos niveles que tiene la comunicación: analógico (lo que se dice) y digital (cómo se dice). Esto cobra especial relevancia dado que en la pareja suele haber tal grado de intimidad que el nivel relevante es el digital, perdiendo algo importancia lo analógico. Dentro de este análisis, vimos que en la pareja se pueden dar situaciones que rompen el equilibrio entre las partes, de modo que uno de los miembros puede adoptar diferentes papeles o estados: “Estados del yo padre” (que dicta lo que hay que hacer, todo lo relacionado con las normas), “estados del yo niño” (donde la reacción es guiada por impulsos o emociones) o “estados del yo adulto” (donde los prejuicios desaparecen, y los sentimientos son maduros). Los dos primeros son estados que se enganchan entre sí y limitan la capacidad de la pareja de salir de la crítica y la queja; el tercero permite desarrollar una relación igualitaria.

 

Durante la segunda mitad, se planteó la pregunta “¿para siempre o mientras tanto? Se habló de “lo íntimo” y “la norma social”. En pareja se renuncia a un sueño individual a favor de un sueño compartido, hay quien esto le supone un problema porque todo no cabe y pueda pasar factura a la pareja. La pareja necesita cultivar su diferencia (lo íntimo) y existir socialmente (la norma). La mezcla de cómo la pareja combina ambas cosas será su firma de identidad.

 

Llegados a este punto, se plantearon cuales pueden ser algunas bases del amor de pareja. El amor se presenta como una meta, a pesar de que al comienzo sea todo pasión, no se comienza a instalar hasta pasado un tiempo. No es tanto un sentimiento sino la actitud de aceptar a la otra persona tal y como es, resistiendo a nuestros deseos de cambiar, renunciar al ejercicio de poder, etc.

 

Por último hablamos del  intercambio de dar y recibir que ocurre en la pareja. Dar nos hace sentir mejores y nos permite exigir. Recibir nos pone en situación de dependencia y por ello nos gusta menos. La persona que solo da, adquiere un “derecho” fantaseado de una retribución. Quien solo toma se siente inferior y con la obligación de compensar. De este modo, se diferencia entre “el buen dar” y “el buen tomar”.

 

  • El buen dar:

Consiste en solo dar lo proporcional a lo que el otro puede devolver.

Dar desde un adulto a otro adulto, entre iguales.

Lo incondicional perturba el equilibrio.

No podemos dar a la fuerza porque le quitamos dignidad a la otra persona.

Cuando damos no debemos exigir compensaciones.

Dar cosas sin valor no es dar, es descartar. Si la otra persona toma lo que una deja no genera deuda.

A veces dar es una forma de nivelar algo antiguo que hemos recibido y no hemos podido retribuir.

  • El buen tomar:

Quien toma más de la cuenta en algún momento está dejando a alguien sin nada.

No debemos tomar cosas que no valoremos.

No debemos enmascarar el tomar algo como si estuviéramos dando.

Antiguas carencias pueden dejar marca en el tomar y la sensación de que nunca es suficiente.

 

También se habló de la sexualidad, la intimidad, la convivencia, las modalidades de relación y un largo etcétera. Sin lugar a dudas, la sesión fue muy enriquecedora. Lo aquí recogido no es más que una muestra de lo compartido, que sirvió para asentar conocimientos, plantear nuevas incógnitas y debatir acerca del extenso campo que supone la terapia de pareja. Incorporar el enfoque Gestalt al Sistémico permite a las personas profesionales de la psicología ampliar el abanico de herramientas del que disponen para ofrecer un mejor servicio.

Taller sobre “Intervención en Duelo”. ÚLTIMAS PLAZAS.

Idealoga Psicología continúa el ciclo de talleres prácticos para profesionales “Neuronas y TornillosEn febrero presentamos el taller sobre INTERVENCIÓN EN DUELO.

Son talleres breves que nos permiten aprender de profesionales con una larga e interesante trayectoria profesional. Están centrados en la transmisión de las claves prácticas que no se aprenden en los libros, sino en el ejercicio diario de una profesión.

Impartido por Cristian Ochoa Arnedo, especialista en Psicología Clínica y experto en Psico-oncología. Doctor y Profesor Asociado en el Departamento de Psicología Clínica y Psicobiología de la Facultad de Psicología de la Universidad de Barcelona. Ejerce como tutor de residentes de psicología clínica (PIR) en el Hospital Duran i Reynals y de profesor en diversos master en psicología clínica y de la salud. Actualmente es vice-presidente de la Asociación Nacional de Psicólogos Clínicos y Residentes (ANPIR) y Vocal de la Junta de Gobierno del Col.legi Oficial de Psicologia de Catalunya (COPC).

El duelo entendido como el proceso que atraviesa una persona ante la muerte de un ser querido, a pesar del sufrimiento que conlleva, puede convertirse en una experiencia que abra el camino a cambios positivos en la persona y en sus relaciones.

El taller nos permitirá aprender pautas, herramientas, técnicas e ideas prácticas para mejorar nuestra práctica profesional a través del trabajo desde las potencialidades y fortalezas de las personas que acuden a nuestros servicios/consultas y se tratarán los siguientes puntos clave:

          El duelo normal: comprender el proceso de elaboración de la pérdida.
          Facilitar el duelo no complicado: las tareas del duelo
          Reacciones anormales: el duelo complicado.
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Fecha: viernes 10 de febrero de 2017

Horario: de 16 a 20 horas.

Lugar:

Colaboratorio Acacias.Emociones-Positivas

Paseo de las Acacias 3, 1ºA, 28005 Madrid

Metro y Renfe: Embajadores

Autobuses: C1, 27, 34, 36, 116, 118, 119

PRECIO

El precio del taller es de 30 

FORMULARIO DE INSCRIPCIÓN

MÁS INFORMACIÓN O DUDAS:

Escribir un mail a eduardovillalobos@idealoga.org

Psicología del Humor: reflexiones y claves…

A principios de los 90 José el de la Tomasa, cantaor jerezano, fue a visitar a la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla a su amigo Beni de Cádiz, artista gaditano reconocido por su ingenio y buen humor. A Beni lo habían intervenido a vida o muerte de una afección cardíaca. Al entrar en la sala, José ve a su amigo Beni con el torso y las vías respiratorias llenas de cables y de tubos, se dirige a él y le pregunta: “Beni, ¿qué tal estás?”. Éste le responde: “Aquí estoy, que parezco un cuarto de baño sin alicatar”.

 

El humor es tratado en ocasiones como una cuestión frívola o de segundo orden y ha sido excluido de muchas de las cosas importantes de la vida porque las consideramos serias. La risa no está permitida en muchos lugares. En la escuela nos pueden expulsar de clase antes por reírnos que por enfadarnos, en el trabajo las cosas serias no se deben tratar con humor, en la iglesia, en las noticias y en otros ámbitos el humor aparece como algo inapropiado.

 

Sin embargo, durante el taller sobre Psicología del Humor que nos impartió  José Ángel Medina, profesor de Psicología de los Grupos de la Universidad Complutense y estudioso de este tema, pudimos observar como el ser humano se ha dotado de una herramienta compleja, que como vemos en la anécdota más arriba, es algo más que un simple acto de ingenio o un juego para divertirnos. El humor, entre otras funciones, nos sirve para dar una solución alternativa a situaciones que se presentan como irresolubles. Para ponerle al mal tiempo buena cara. Y para ayudarnos a hacerle frente a aquello que nos da miedo. Una búsqueda rápida por internet nos lleva a ejemplos de cómo los judíos usaban el sentido del humor para mantener el ánimo en los campos de concentración.

 

El humor favorece los comportamientos de ayuda y la cohesión social y es un potente mecanismo de influencia. Tendemos a estar agradecidos o a premiar a la gente que nos hace reír, después de una noche de risas los grupos están más unidos, cuando alguien nos hace reír estamos más dispuestos a escucharle o a hacerle caso…

 

Sabemos también que una anécdota puede facilitar el comienzo de una charla, que se puede disipar la tensión entre dos personas con una broma, que con humor se puede comunicar mejor un mensaje difícil, etc.

 

Eso sí, aunque nos llenemos la boca de elogios hacia el sentido del humor, nos pongamos pelotas y adulemos sus propiedades hasta la extenuación, también cabe recordar, y así lo hizo José Ángel, que el humor “no cura el cáncer”.

 

Es más, querer utilizar el humor para todo puede ser contraproducente. No es buena idea caer en un exceso de exigencia pidiéndonos ser ingeniosos en todas estas situaciones. El humor funciona en muchas situaciones pero no siempre; y no siempre estamos en condiciones de ser ingeniosos.  Los cómicos no están de buen humor y haciendo reír a todas horas. Este tipo de exigencias, en psicología lo sabemos bien, se pueden convertir en un hándicap para hacer uso de un buen sentido del humor.

 

Entonces, si quiero aplicar más sentido del humor a mi día a día ¿Cómo lo hago? ¿Se puede aprender? Sí, practicando. Conociendo primero la técnica y luego practicando. Durante el taller tuvimos el gusto de conocer y entender con ejemplos los diferentes recursos que se pueden utilizar para desarrollar un buen sentido del humor (también en la relación paciente-terapeuta). Pudimos comprobar como practicar la ironía, la sátira, la literalidad o la exageración nos pueden ayudar a ser más creativos/as y sacarle más punta a muchas de las situaciones cotidianas.

 

Animémonos a practicar, intelectuales muy “serios” y respetados como Freud o Victoria Camps, han concedido al humor un lugar de importancia. Victoria consideraba que “el humor es como el lubricante que hace que el engranaje de la vida no chirríe”. Freud, lo valoraba como uno de los mecanismos de defensa más elevados.

 

Anímense porque aunque el humor esté excluido de las cosas serias de la vida, podemos tomarnos la vida en serio pero no siempre ponernos serios para tomarnos la vida.