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Taller sobre “Comunicación en la pareja”.

En Idealoga Psicología ya tenemos todo listo para nuestro próximo taller.
El sábado 2 de Diciembre a las 10:00 tendrá lugar un taller pensado para todas aquellas personas que quieran profundizar sobre la “comunicación en la pareja”. Impartido por la psicóloga Isabel Trasobares y el psicólogo Jacobo Blanco, hablaremos de diferentes modelos teóricos en la comunicación y los sesgos cognitivos que aparecen. También tendremos oportunidad de ejemplificar contenidos por medio de prácticas, vídeos y otros materiales. Todo ello tendrá como hilo conductor las parejas hoy, las nuevas formas de pareja, las influencias que tienen dentro del mundo digital y la perspectiva de género.
Fecha: Sábado 2 de Diciembre
Hora: De 10:00 a 14:00
Lugar: Colaboratorio Acacias (Paseo de las Acacias 3, 1ºA. Madrid).
Precio: 35€
Plazas: 7-15 personas
Inscricpiones: Ingreso en la cuenta IBAN: ES36 1550 0001 2700 00732123. Concepto: “Taller de comunicación, *Nombre y apellidos*.
Envía el justificante de pago a jacoboblanco@idealoga.org y recibirás un correo de confirmación.

“De viaje”

Edda es una paciente de Idealoga Psicología. Llegó a la consulta por problemas de pareja y descubrió que estaba viviendo una situación de malos tratos. Escribir lo que sentía le ayudó a identificar su problema. Ahora comparte esos textos que escribió en tres partes: el primero al poco tiempo de tomar la decisión de separarse, el segundo meses después y el último en la actualidad. “Lo escribí para mí. Pero lo comparto feliz por si a alguien le aporta”, dice Edda. Este es el tercero y último de sus tres textos:
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5 meses después de Yonqui, 3 meses después de Recaer, ahora estoy De viaje.

Me siento liberada del abuso, aliviada de haberlo dejado atrás, orgullosa de haber dado el paso, de haberme atrevido a saltar, de haber vencido el miedo, de haber sido capaz de pedir ayuda. Me siento empoderada, libre, capaz. Y recorriendo un viaje apasionante hacia dentro de mí para entender y sanar lo que ya estaba roto antes de conocer a mi ex. Para identificar y curar las heridas nuevas y profundas que él me causó. Para estar protegida y no volver a dejarme someter, para identificar las violencias por sutiles que sean, para aceptar mis deseos como legítimos. Para no volver a volatilizarme al lado de una pareja.

Este viaje es apasionante, pero no exento de lágrimas. Me remuevo, se despiertan los fantasmas, me bloqueo, me caigo, me levanto con más impulso. Tengo ganas de salir, de bailar, de hablar y hablar y hablar…

La relación con el padre de mi hijo duró 13 años, en los que casi me aisló. Cambié de amigos, casi nadie fue consciente de mi transformación. No sé ni cómo expresar la alegría de reencontrarme ahora con muchos de ellos, que me han recibido como si hubiese estado simplemente lejos. Siento que vuelvo a ser yo, a expresarme sin tenerle a él como gran censor en mi cabeza. A decidir sobre mi vida y sobre mi cuerpo. 

Aun me queda mucho por recorrer, mucho por desaprender y mucho que sanar. Pero yo no estoy sola. Tengo una terapeuta que me guía y que me abraza. A ella le debo esta segunda oportunidad de vivir una vida plena. Y tengo una bellísima red de amigas-hermanas que hacen el camino conmigo. Nos escuchamos, nos sostenemos, nos abrazamos y nos lo pasamos bomba.

A veces me invade la rabia por todo lo que me han hecho y me he dejado hacer. ¿Donde estaba yo? Estoy aquí ahora. Disfrutando cada día, cada experiencia, cada revelación. Investigando con ilusión, orgullosa de lo que descubro y profundamente feliz de vivir esta experiencia entre hermanas.

“Soy una yonqui”

Edda es una paciente de Idealoga Psicología. Llegó a la consulta por problemas de pareja y descubrió que estaba viviendo una situación de violencia machista. Escribir lo que sentía le ayudó a identificar su problema. Ahora comparte esos textos que escribió en tres partes: el primero al poco tiempo de tomar la decisión de separarse, el segundo meses después y el último en la actualidad. “Lo escribí para mí. Pero lo comparto feliz por si a alguien le aporta”, dice Edda. Este es el primero de sus tres textos:
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¿Pero por qué volvió con él? ¡Retiró la denuncia! ¿Cómo podía no darse cuenta? Aquí hay gato encerrado. Ella no es tonta, algo habría ahí que no sabemos. Si no, no se explica. Es imposible que te hablen y traten así y con todo y con eso tú decidas olvidar y volver. A lo mejor no era para tanto, a lo mejor exageró. No sería tan así como lo contó. Hay algo que no cuadra. Es que si fuese así no vuelves. Nadie vuelve para que le machaquen.

Yo también pensé esas cosas. Hasta que me pasó a mí. Y entonces, en todo el penoso y difícil proceso descubrí que no solo era una superviviente de maltrato. También era una yonki. Mi ex era la heroína. Estaba enganchada.

Aunque nunca me haya metido nada por las venas, estoy convencida de que los y las adictas al caballo saben que la heroína les destruye sus vidas. Les destruye el cuerpo, les destruye el círculo social, el futuro. Pero les proporciona también un inmensísimo (aunque efímero) placer. Coge el mejor orgasmo de tu vida, multiplícalo por mil y ni siquiera andarás cerca. Así lo definen en Trainspotting. Y ahí nace el enganche.

El maltrato no es que alguien te trate mal. A todas nos han tratado alguna vez mal en un restaurante, en una tienda, en la cola de embarque de un avión, en la escuela, en la universidad, en el supermercado, en un hospital. Eso no es maltrato. Porque en ninguno de esos casos quieres después abrazar a la persona que te ha tratado mal. En una relación de maltrato en la pareja, sí.

No soy médico, ni psicóloga, ni psiquiatra. No sé cuáles son los mecanismos cerebrales que se estropean en una relación de maltrato. Pero sé que existen.

Algo hay en la bioquímica del cerebro que provoca que SIENTAS que la persona que te está destruyendo sea también la (única) capaz de sanarte, de reconfortarte. Sólo él tiene el bálsamo. Y es muy difícil renunciar a la esperanza de que, esta vez sí que sí, te lo dará y estarás bien.

Mi cerebro no es capaz de asociar espontáneamente a mi ex con la causa de mi dolor. No es capaz, no funciona. Mi consciencia sí que puede, pero siempre llega tarde.

Tengo 35 años. He sobrevivido a 13 años de maltrato psicológico. Hace apenas dos meses que me di cuenta de mi situación y solo uno que me separé. Estamos en guerra por la custodia de nuestro hijo (3 años). Mi ex no me quiere soltar, nada está siendo fácil. Soy plenamente consciente de que la guerra es hacia mí. Quiere que vuelva con él o destruirme (quizás ambas cosas sean lo mismo). Lo denuncié después de que agrediera a alguien de mi familia delante del niño. La causa está archivada provisionalmente y recurrida. La guardia civil apreció riesgo bajo. Me llaman de vez de cuándo.

Hasta que el juez se pronuncie, está tolerando que yo tenga la custodia. El niño pasa con él algunas tardes a la semana y findes alternos. Cuando me entrega al niño, nunca pierde la ocasión de hacerme mierda, delante del crío. ¿Pero qué siento yo el instante anterior a que abra la boca, cuando entro en el bar y le veo jugando con el niño? Ternura. Deseo que todo haya sido un mal sueño. LO QUIERO ABRAZAR. Y que me abrace. Y que todo vuelva a estar bien. 

Mi consciencia me habla: NUNCA ESTUVO BIEN. No hay nada que rascar. Este hombre te hace daño deliberadamente y le hace daño a mi hijo intentando destruir a su madre. Yo no merezco esto.

Soy una yonqui pasando el mono a pelo. ¿Alguien que me pase metadona?

Cuando el “amor” nos daña

Por Eva Barrio 

Imagen de Natalia Belizon

 

Últimamente me encuentro en mi consulta con numerosos casos de chicas que me piden ayuda porque no se encuentran bien. No identifican el motivo pero sí saben que “algo” les provoca malestar. Ese “algo” se traduce en ansiedad, angustia, estado de ánimo bajo,  dificultad en la concentración, insomnio…

Me llama la atención, cuando empezamos a explorar su momento vital: situación familiar, laboral, relaciones afectivas… cómo normalizan situaciones en las que están sufriendo, y mucho. Situaciones relacionadas con las relaciones de pareja.

Por esta razón he decidido escribir este artículo, en el que propongo algunos indicadores que nos pueden ayudar a identificar algunas situaciones difíciles de afrontar o que nos causan sufrimiento. Estos indicadores pueden funcionar como “activadores de alarma, y nos pueden dar pistas de que algo no está bien o nos crea malestar en nuestra vida, en las relaciones personales, de pareja, etc.

¿Qué indicadores tenemos que tener en cuenta para saber cuándo “el amor” nos daña?

  • Cuando el control se camufla de interés hacia la otra persona: saber con quién salgo, dónde salgo, quién da a “me gusta” en mis redes sociales, comprobar si estoy en línea o no, en el watshapp, etc., no es un indicador de que la otra persona se interese por mí, es un indicador de control.
  • Los celos no son un indicador de amor, los celos son un indicador de inseguridad y falta de confianza.
  • Sentir miedo o pena hacia la otra persona: acceder a las necesidades o deseos de la otra parte desde estos sentimientos no es sano, cuando así lo hacemos nos llenamos de rabia y reproches.
  • Los silencios: cuando nos enfadamos necesitamos un tiempo para poder restablecer el contacto de una manera sana, sin querer dañar o destruir a la persona que ha desencadenado nuestra rabia. Un tiempo no son días ni semanas, cuando son días o semanas es un castigo, una manera de manipular a la otra persona.
  • La desatención: cuando nuestras necesidades y deseos no son atendidas ni escuchadas casi nunca por la otra persona y nos sentimos culpables porque nos dicen que pedimos mucho, que no somos pacientes…
  • “Amenazar con el vínculo”: la ruptura o duda en el vínculo no es una manera adecuada de gestionar los conflictos ni de resolverlos. En estas situaciones la persona que recibe la amenaza suele ceder pero por miedo al abandono, a la pérdida.
  • Compartir momentos o experiencias con otras personas no es un indicador de desamor o descuido a la pareja. Dar importancia a la relación no implica que ésta se convierta en lo único y lo más importante siempre.
  • Sentir miedo hacia lo que tu pareja pueda hacer o cómo pueda reaccionar ante tus opiniones, sentimientos, o actos.
  • Cuando la culpa o la pena nos mantienen en la relación. Mantener la relación porque nos sentimos culpables de lo que le pase a la otra persona si no estamos con ella hace mucho daño al vínculo y a las partes implicadas.
  • Los gritos, insultos, amenazas o golpes no son expresiones de la rabia, son conductas violentas.

¿Qué indicadores podemos tener en cuenta para saber que una relación es sana?

  • Cuando las personas se quieren, se respetan y se divierten estando juntas.
  • Tratarse bien, con ternura y sin faltarse al respeto.
  • Tener confianza mutua y no comprobar si lo que hace o dice la otra persona es verdad.
  • Tener diferentes opiniones y poder hablar de ellas sin que ninguna parte imponga su opinión.
  • Compartir experiencias y momentos, sin dejar de disfrutar de tiempo y espacios personales para estar con tus amistades, familia o realizar una afición, sin que te moleste que la otra persona haga lo mismo.
  • No abusar de la otra persona pidiéndole constantemente que haga cosas por ti.
  • Poder expresarnos con total libertad.
  • Aceptar y respetar las opiniones, gustos, actividades, amistades… de la otra persona.
  • Apoyarse mutuamente en planes y proyectos aunque éstos no siempre coincidan.
  • Reconocer cuando nos hemos equivocado.

Yo soy yo

Tú eres tú

Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas

Tú no estás en este mundo para cumplir las mías.

Tú eres tú

Yo soy yo.

Si en algún momento o en algún punto nos encontramos

Será maravilloso

Si no, no puede remediarse

Falto de amor a mí mismo

Cuando en el intento de complacerte me traiciono

Falto de amor a ti

Cuando intento que seas como yo quiero

En vez de aceptarte como realmente eres

Tú eres tú y yo soy yo

(Fritz Perls)

Vínculo de pareja. ¿Qué hace que una relación de pareja merezca la pena?

Vínculo de pareja. ¿Qué hace que una relación de pareja merezca la pena?

La relación de pareja la podemos definir, de forma general, como la unión de dos personas con un proyecto común, en un momento temporal determinado, donde se satisfacen o cubren necesidades personales.

¿Qué deseos o necesidades satisfacemos en el seno de la pareja? Algunos de los más importantes son:

Afectivo-sexuales. Los vínculos afectivos y la sexualidad son aspectos fundamentales en las relaciones de pareja, los vínculos cálidos con expresión de afectos positivos como caricias, ternura, complicidad sutil pueden ser uno de los pilares de la pareja.

Seguridad. La sensación de tener un lugar donde refugiarse u otra persona a la que acudir en caso de dificultades como una enfermedad o problemas económicos.

Valoración. El reconocimiento de aspectos interesantes y satisfactorios, la valía, o las habilidades de uno o una misma, por parte de la otra persona, puede ser un aspecto fundamental en la relación.

Tener hijos o hijas. El deseo de tener descendencia y dar vida, el deseo de cuidar de otras personas.

Regulación emocional. La otra persona puede ser una fuente de regulación, de disminución de la tensión, del estrés, de las preocupaciones cuando uno o una misma no consigue disminuir la tensión emocional o el estrés.

Uno de los factores determinantes que hace que sintamos que el estar en pareja merece la pena es tener la sensación subjetiva de que ganamos más estando en la relación que fuera de ella, es decir, cubrimos más necesidades con la pareja que sin la pareja.

¿Qué dificultades pueden hacer surgir la sensación de que se gana menos con la pareja que sin ella? Pueden surgir dos dificultades fundamentales:

  1. Los miembros de la pareja tienen grandes diferencias en sus deseos o necesidades y como consecuencia alguna de las partes (o ambas) puede percibir que no cubre necesidades básicas.
  2. Las expectativas o ideales de alguna de las partes (o ambas) son demasiado elevados y hacen quedar en falta (tener la sensación de que nos falta algo, de una forma difusa) e insatisfacción continua. En nuestra infancia y adolescencia podemos generar un ideal de pareja donde depositamos todas las esperanzas de obtener lo que deseamos y necesitamos, sin embargo, esto es imposible debido a que las personas tenemos diferentes grados en las necesidades y deseos básicos.

Algunas de las formas de intervenir sobre estas dificultades que pueden surgir en la pareja son:

  1. Reconocer nuestras necesidades, preguntarnos ¿qué necesidades tengo? ¿en qué grado? ¿cuáles son más importantes para mí?
  2. Expresar esas necesidades a la pareja, transmitirlas, explicarlas.
  3. Reconocer las necesidades de la pareja, preguntar por ellas, entenderlas.
  4. El continuo encuentro y desencuentro de las necesidades y deseos humanos nos obliga a negociar continuamente, a expresar lo que necesitamos, a escuchar a la otra persona y lograr encontrar cierta satisfacción por ambas partes.

 

Eduardo Villalobos. Idealoga Psicología.

Terapia de pareja: reflexiones y claves…

El pasado 19 de Noviembre, y de la mano de Carmen Benítez Méndez  (psicóloga, psicoterapeuta y miembro supervisora y didacta de la AETG), llevamos a cabo en Idealoga Psicología el taller de Neuronas y Tornillos dedicado a la terapia de pareja titulado: Cuando un “parasiempre” se tambalea. El taller estaba orientado a profesionales de la psicología que quisieran ampliar sus conocimientos en terapia de pareja.

 

Durante la sesión, se dedicó la primera mitad a hablar de la importancia y los aportes que realiza la mirada Gestalt a la materia. Especial énfasis tuvo la idea de que a la hora de reparar hay que tener en cuenta que el Todo está en la parte y la parte en el Todo; por lo que un cambio en una parte supone un cambio en el Todo. Esta idea permite entender que no es necesario la reparación de todas y cada una de las heridas para acercarse al bienestar, pues pequeños pasos tienen repercusiones importantes.

 

Además, se habló del “análisis transaccional”, donde la ponente esbozó los dos niveles que tiene la comunicación: analógico (lo que se dice) y digital (cómo se dice). Esto cobra especial relevancia dado que en la pareja suele haber tal grado de intimidad que el nivel relevante es el digital, perdiendo algo importancia lo analógico. Dentro de este análisis, vimos que en la pareja se pueden dar situaciones que rompen el equilibrio entre las partes, de modo que uno de los miembros puede adoptar diferentes papeles o estados: “Estados del yo padre” (que dicta lo que hay que hacer, todo lo relacionado con las normas), “estados del yo niño” (donde la reacción es guiada por impulsos o emociones) o “estados del yo adulto” (donde los prejuicios desaparecen, y los sentimientos son maduros). Los dos primeros son estados que se enganchan entre sí y limitan la capacidad de la pareja de salir de la crítica y la queja; el tercero permite desarrollar una relación igualitaria.

 

Durante la segunda mitad, se planteó la pregunta “¿para siempre o mientras tanto? Se habló de “lo íntimo” y “la norma social”. En pareja se renuncia a un sueño individual a favor de un sueño compartido, hay quien esto le supone un problema porque todo no cabe y pueda pasar factura a la pareja. La pareja necesita cultivar su diferencia (lo íntimo) y existir socialmente (la norma). La mezcla de cómo la pareja combina ambas cosas será su firma de identidad.

 

Llegados a este punto, se plantearon cuales pueden ser algunas bases del amor de pareja. El amor se presenta como una meta, a pesar de que al comienzo sea todo pasión, no se comienza a instalar hasta pasado un tiempo. No es tanto un sentimiento sino la actitud de aceptar a la otra persona tal y como es, resistiendo a nuestros deseos de cambiar, renunciar al ejercicio de poder, etc.

 

Por último hablamos del  intercambio de dar y recibir que ocurre en la pareja. Dar nos hace sentir mejores y nos permite exigir. Recibir nos pone en situación de dependencia y por ello nos gusta menos. La persona que solo da, adquiere un “derecho” fantaseado de una retribución. Quien solo toma se siente inferior y con la obligación de compensar. De este modo, se diferencia entre “el buen dar” y “el buen tomar”.

 

  • El buen dar:

Consiste en solo dar lo proporcional a lo que el otro puede devolver.

Dar desde un adulto a otro adulto, entre iguales.

Lo incondicional perturba el equilibrio.

No podemos dar a la fuerza porque le quitamos dignidad a la otra persona.

Cuando damos no debemos exigir compensaciones.

Dar cosas sin valor no es dar, es descartar. Si la otra persona toma lo que una deja no genera deuda.

A veces dar es una forma de nivelar algo antiguo que hemos recibido y no hemos podido retribuir.

  • El buen tomar:

Quien toma más de la cuenta en algún momento está dejando a alguien sin nada.

No debemos tomar cosas que no valoremos.

No debemos enmascarar el tomar algo como si estuviéramos dando.

Antiguas carencias pueden dejar marca en el tomar y la sensación de que nunca es suficiente.

 

También se habló de la sexualidad, la intimidad, la convivencia, las modalidades de relación y un largo etcétera. Sin lugar a dudas, la sesión fue muy enriquecedora. Lo aquí recogido no es más que una muestra de lo compartido, que sirvió para asentar conocimientos, plantear nuevas incógnitas y debatir acerca del extenso campo que supone la terapia de pareja. Incorporar el enfoque Gestalt al Sistémico permite a las personas profesionales de la psicología ampliar el abanico de herramientas del que disponen para ofrecer un mejor servicio.