«Recaer»

Edda es una paciente de Idealoga Psicología. Llegó a la consulta por problemas de pareja y descubrió que estaba viviendo una situación de violencia machista. Escribir lo que sentía le ayudó a identificar su problema. Ahora comparte esos textos que escribió en tres partes: el primero al poco tiempo de tomar la decisión de separarse, el segundo meses después y el último en la actualidad. «Lo escribí para mí. Pero lo comparto feliz por si a alguien le aporta», dice Edda. Este es el segundo de sus tres textos:
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El carrusel de sentimientos y emociones. La montaña rusa de estados de ánimos y pensamientos. La mente intentando poner orden en las tripas, que se rebelan. La disociación que ha estallado por los aires.

Los meses anteriores de calma, frialdad, eficacia, eficiencia, decisiones, pensar, hacer, actuar, ejecutar, resolver, siguiente, resolver, siguiente, resolver, resolver, resolver…

Lo estoy haciendo bien, estoy muy bien, lo estoy haciendo muy bien. Estamos muy bien. Así debe de ser. ¡No era tan difícil! Decidir, ejecutar, hablar, analizar. Mucha mente, mucha lógica, mucho análisis, poca pena. La metadona funciona, parece.

Y puf, se esfuma.

Ansiedad, llorar, no poder pensar, no poder hacer, solo llorar, que alguien se ocupe de mi vida por favor. De mi casa, de mi hijo, de mi curro. Yo no puedo. Yo solo puedo llorar y esperar a que llame, a que escriba, a saber de él. Ha invadido mi vida, mi cuerpo, mi mente, mi pensamiento, mis tripas, mi tiempo, mis ganas, mi ilusión.  Estoy pero no soy. Quién soy??

Dónde estoy?? Donde está todo el trabajo anterior? Las convicciones, los análisis, la alegría, el alivio, el saber que avanzo, el saberme fuerte.

Un roce de piel, un polvo, una noche de sexo y me volatilizo. Dejo de ser y de estar en mi vida. Ya solo quiero vivir agazapada en el huequito de su vida que él decida, sin molestar.

Parecía una buena idea buscar con quién follar, así sin más.

Pero no. Si me rozan, me destruyo. Si me gusta, desaparezco. Aun no puedo volver a probar las drogas.

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