¿Qué podemos hacer para gestionar el estrés?

Foto de Pawdidi

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El estrés es una respuesta adaptativa que nos permite dar solución a situaciones nuevas, complejas o amenazantes.

El estrés nos permite estar activadas y atentas en una entrevista de trabajo, en un examen, ante la enfermedad de una persona querida, en una reunión importante…

¿Por qué es un problema el estrés?

El estrés sólo es un problema cuando es más intenso de lo necesario para resolver un problema. Cuando, por ejemplo, en una reunión estoy más activado o activada de lo necesario y puede empeorar mi desempeño en esa situación.

O cuando se mantiene demasiado en el tiempo y nos genera malestar psicológico y puede llegar a dañar nuestro organismo con problemas como la hipertensión, dolores de espalda, problemas digestivos…

¿Qué podemos hacer para gestionar nuestro estrés?

La mejor manera de abordar nuestro estrés es hacerlo desde distintas líneas. Algunas de éstas son las siguientes:

Reconducir los pensamientos

Algunos pensamientos pueden incrementar nuestro nivel de estrés. Puedes modificar estos pensamientos para reducir tu estrés.

Algunos ejemplos:

  • Y si…: “y si sale mal, será terrible”; lo puedes cambiar por: “al menos voy hacer que escuchen mi opinión y si no les convence buscaré una alternativa”
  • Reglas tácitas: “No debo cometer fallos” por “si cometo un fallo es porque me he implicado en la tarea no porque quiera”.
  • Interpretar las intenciones de las demás personas: “lo ha hecho para faltarme el respeto” por “ha llegado tarde pero no necesariamente para faltarme al respeto, le puede haber pasado algo”

Comunicarnos de manera asertiva

La comunicación asertiva es otro de los factores de protección frente al estrés.

Comunicarnos de manera asertiva es afrontar aquellas situaciones de comunicación que nos son difíciles pero que contribuyen a situarnos en mejores escenarios para gestionar nuestro estrés: pregunta lo que dudes, expresa tus opiniones, solicita ayuda, negocia prioridades, informa de lo que te ocurre…

Cuidar nuestras relaciones personales

Tratar bien a la gente es una manera de fortalecernos. Sabemos que el apoyo social es un buen modulador del estrés y que aquellas personas que disponen de gente a su alrededor para afrontar dificultades, tienden a tener menos problemas de ansiedad y depresión.

Dedicar tiempo a nuestras aficiones

Realizar actividades que nos apasionen, divierta, nos satisfagan o al menos nos distraigan es otro de los factores de protección frente al estrés.

Estás actividades suelen ocupar parte de nuestro pensamiento generando un efecto protector frente a pensamientos amenazantes o ansiógenos.

A veces, este efecto lo encontramos pasando tiempo con nuestra familia, también podemos hallarlo en la investigación científica, en la literatura, en la música, en la política, en el deporte, en el trabajo cuando es vocacional, en la amistad, en la buena mesa, en el estudio, o en el placer de un hobby… (teatro, pintura, deporte, tertulias, conferencias, bricolaje, idiomas, viajes..).

Cultivar nuestro sentido del humor

Michael Miller, director de cardiología preventiva del Centro Médico de la Universidad de Maryland e investigador sobre los efectos de la risa sobre el corazón encontró que: “Reírse puede ser importante para mantener un endotelio –pared de los vasos sanguíneos– sano y reducir el riesgo de insuficiencia cardíaca. No recomendamos que se ría y no se haga ejercicio, pero sí que intente reírse con asiduidad. Un total de 30 minutos de ejercicio tres veces al día y 15 minutos diarios de risa probablemente sean buenos para el sistema vascular“.

Practicar deporte

Hay una relación directa entre la práctica deportiva y el estado de ánimo. Está demostrado que el ejercicio físico libera una serie de sustancias (endorfinas, oxitocina…) que desconectan los núcleos cerebrales que nos relacionan con amenazas,  y nos hace sentir mejor y nos predispone a encontrar soluciones.

Acudir al gimnasio, nadar, jugar al tenis o realizar cualquier otro deporte es una buena idea para gestionar el estrés pero también prácticas más moderadas como dar paseos o salir a caminar.

Diego Delgado. Idealoga Psicología

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