Dejar de fumar es fácil

“Dejar de fumar es fácil si sabes cómo” es el título del que es seguramente el libro más leído para dejar de fumar. Su autor Alan Carr hace un recorrido por las claves que pueden hacernos fácil convertirnos en personas no fumadoras.

Según este autor, existen dos motivos por los que seguimos fumando: la adicción a la nicotina y lo que él llama el “lavado de cerebro” o el “socio oculto”.

Para superar el primero de estos puntos está bien saber que las molestias producidas por la retirada de la nicotina son leves. Estas molestias no suponen ningún dolor físico, es simplemente una sensación. La mayoría de los fumadores y fumadoras pasan toda la noche sin fumar y el mono ni siquiera les despierta.

Para hacer frente al segundo de los puntos es importante analizar y cuestionar las ideas irracionales o mitos que están asociados al tabaco. Estos mitos funcionan a modo de “lavado de cerebro” para seguir fumando.

Cada fumador o fumadora elige encender un cigarrillo en alguna de estas cuatro situaciones: aburrimiento, concentración, estrés, relajación. Uno de estos mitos es pensar que una misma sustancia pueda producir efectos opuestos en cada momento ¿es esto posible? Quizás es que los cigarrillos ni alivian el aburrimiento, ni el estrés, ni promueven concentración, ni relajación.

Otra idea irracional o mito es considerar que el tabaco nos aportará valor y confianza en nosotros y nosotras mismas y que el placer más apreciado del mundo es un cigarrillo. La publicidad ha realizado un gran esfuerzo para establecer este tipo de asociaciones, a pesar de ello la realidad es que la persona que fuma, especialmente si lleva tiempo fumando, es una persona con miedo por su salud, con inseguridad por depender de una sustancia y cada vez más con preocupación por lo que piensen las demás personas de su adicción.

Esta idea está muy relacionada con otra distorsión cognitiva que nos dificulta dejar de fumar y propicia en muchos casos las recaídas. Lo podemos llamar la “Maldición del exfumador o exfumadora”.

Como hemos dicho habitualmente el fumador o fumadora (mientras fuma) está deseando dejar de fumar y pensando en lo beneficios que obtendrá cuando lo deje: tendrá mejor salud y menos miedo, se sentirá más libre y con más confianza ¿Qué ocurre? Que cuando esta misma persona deja de fumar puede caer en la trampa de pensar que le falta algo, que por las leves molestias del mono comenzar a pensar que está peor que antes y envidiar a aquellas personas que fuman.

En este momento, la trampa es no acordarnos de que quien fuma es una persona con miedo por su salud, que se siente esclava de una sustancia, preocupada por lo que piensen las demás, en definitiva, que esa persona que envidiamos por fumar no es privilegiada y que no hay nada que envidiar porque se encuentra en el mismo estado de frustración e inseguridad en el que se encontraba el exfumador o exfumadora cuando fumaba.

Por tanto,el miedo es una de las claves. El miedo es lo que nos hace que sigamos fumando. Por ejemplo,  el miedo irracional a no poder nunca más disfrutar tanto de la vida sin los cigarrillos, y el miedo a sentirnos personas privadas de algo. ¿Realmente esto es así? ¿No se disfruta tanto de la vida sin tabaco? ¿O se disfruta más de la vida sin fumar?

Otro miedo es el miedo a pasarlo mal cuando dejo de fumar ¿realmente es tan duro? Por qué en vez de decirnos: “si otras personas fuman y yo no, me estoy perdiendo algo”; me digo: “Ya no fumo, ya estoy en un estado de mayor confianza, salud y amor propio. Ya estoy en el estado que quiero estar. Ya disfruto más de la vida”. Si lo miramos de esta manera, ¿dejar de fumar puede ser agradable?

Por Diego Delgado. Idealoga Psicología

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