Dejar de fumar es fácil

“Dejar de fumar es fácil si sabes cómo” es el título del que es seguramente el libro más leído para dejar de fumar. Su autor Alan Carr hace un recorrido por las claves que pueden hacernos fácil convertirnos en personas no fumadoras.

Según este autor, existen dos motivos por los que seguimos fumando: la adicción a la nicotina y lo que él llama el “lavado de cerebro” o el “socio oculto”.

Para superar el primero de estos puntos está bien saber que las molestias producidas por la retirada de la nicotina son leves. Estas molestias no suponen ningún dolor físico, es simplemente una sensación. La mayoría de los fumadores y fumadoras pasan toda la noche sin fumar y el mono ni siquiera les despierta.

Para hacer frente al segundo de los puntos es importante analizar y cuestionar las ideas irracionales o mitos que están asociados al tabaco. Estos mitos funcionan a modo de “lavado de cerebro” para seguir fumando.

Cada fumador o fumadora elige encender un cigarrillo en alguna de estas cuatro situaciones: aburrimiento, concentración, estrés, relajación. Uno de estos mitos es pensar que una misma sustancia pueda producir efectos opuestos en cada momento ¿es esto posible? Quizás es que los cigarrillos ni alivian el aburrimiento, ni el estrés, ni promueven concentración, ni relajación.

Otra idea irracional o mito es considerar que el tabaco nos aportará valor y confianza en nosotros y nosotras mismas y que el placer más apreciado del mundo es un cigarrillo. La publicidad ha realizado un gran esfuerzo para establecer este tipo de asociaciones, a pesar de ello la realidad es que la persona que fuma, especialmente si lleva tiempo fumando, es una persona con miedo por su salud, con inseguridad por depender de una sustancia y cada vez más con preocupación por lo que piensen las demás personas de su adicción.

Esta idea está muy relacionada con otra distorsión cognitiva que nos dificulta dejar de fumar y propicia en muchos casos las recaídas. Lo podemos llamar la “Maldición del exfumador o exfumadora”.

Como hemos dicho habitualmente el fumador o fumadora (mientras fuma) está deseando dejar de fumar y pensando en lo beneficios que obtendrá cuando lo deje: tendrá mejor salud y menos miedo, se sentirá más libre y con más confianza ¿Qué ocurre? Que cuando esta misma persona deja de fumar puede caer en la trampa de pensar que le falta algo, que por las leves molestias del mono comenzar a pensar que está peor que antes y envidiar a aquellas personas que fuman.

En este momento, la trampa es no acordarnos de que quien fuma es una persona con miedo por su salud, que se siente esclava de una sustancia, preocupada por lo que piensen las demás, en definitiva, que esa persona que envidiamos por fumar no es privilegiada y que no hay nada que envidiar porque se encuentra en el mismo estado de frustración e inseguridad en el que se encontraba el exfumador o exfumadora cuando fumaba.

Por tanto,el miedo es una de las claves. El miedo es lo que nos hace que sigamos fumando. Por ejemplo,  el miedo irracional a no poder nunca más disfrutar tanto de la vida sin los cigarrillos, y el miedo a sentirnos personas privadas de algo. ¿Realmente esto es así? ¿No se disfruta tanto de la vida sin tabaco? ¿O se disfruta más de la vida sin fumar?

Otro miedo es el miedo a pasarlo mal cuando dejo de fumar ¿realmente es tan duro? Por qué en vez de decirnos: “si otras personas fuman y yo no, me estoy perdiendo algo”; me digo: “Ya no fumo, ya estoy en un estado de mayor confianza, salud y amor propio. Ya estoy en el estado que quiero estar. Ya disfruto más de la vida”. Si lo miramos de esta manera, ¿dejar de fumar puede ser agradable?

Por Diego Delgado. Idealoga Psicología

El caso de Edda: un análisis técnico

Por el equipo de Idealoga Psicología

Desde Idealoga Psicología valoramos y agradecemos la valentía de mujeres como Edda, que han sido capaces de reconocerse en situaciones de violencia machista, empoderarse nombrando su realidad y hacerse portavoces ellas mismas de sus cambios. El texto que ella ha compartido, a través de nuestras redes y web, está dirigido a que otras mujeres (y hombres) se puedan reconocer en él y transformarse. Por eso, en esta ocasión, analizamos desde un punto de vista técnico su testimonio, compuesto de tres entregas: “Soy una yonqui”, “Recaer” y “De viaje”.

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Identificar que eres víctima de violencia machista es el primer paso para salir de una situación así, pero… ¿y después? Salir de un proceso como este y sanar las heridas que te deja en el autoconcepto y la autoestima no es ni mucho menos una tarea fácil. Así lo explica Edda en sus tres textos, que ella misma escribe como parte de su terapia en Idealoga Psicología y que quiso compartir con otras mujeres a través de nuestra web por si pudieran serles de ayuda.

Es importante entender la dependencia emocional que se genera en el proceso de violencia machista, debida en parte a la presión, por parte de los maltratadores, de que la mujer se aleje de su entorno afectivo. De ello surge la sensación, por parte de las mujeres, de necesitar a esa persona para ser feliz, para sentirte bien. Durante mucho tiempo el maltratador machista ha provocado tal situación de tensión, de malestar, que cuando aflojaba la presión, produce alivio. Pero el alivio no es bienestar ni felicidad; el alivio viene después de una situación de tensión o de angustia.

Existen numerosas teorías que explican la dependencia generada en una situación de violencia machista. Este es un breve repaso por algunas de ellas:

  • Teoría de la indefensión aprendida  (Seligman,1975; Walker, 1979): la persona que durante un largo período de tiempo sufre maltrato de forma impredecible e incontrolable llega a un estado de indefensión que hace más probable su permanencia dentro de la relación. Asimismo su malestar, apatía, falta de motivación, etc… interfieren en su proceso de toma de decisiones.
  • Teoría de la unión traumática (Dutton y Painter, 1981): esta teoría explica el vínculo emocional que se establece entre dos personas cuando una de ellas provoca maltrato intermitente en la otra.
  • Modelo del castigo paradójico (Long y McNamara, 1989): este modelo explica que la permanencia de la situación de maltrato se debe a las contingencias de reforzamiento que se establecen en función de un patrón cíclico de interacción que está consolidado en el tiempo en cinco fases:
      1. Formación de la tensión
      2. Descarga de la tensión por el maltratador
      3. Escape de la víctima
      4. Arrepentimiento del agresor
      5. Vuelta de la víctima a la relación.
  • Modelo de la intermitencia (Dutton y Painter, 1993): las víctimas de maltrato pueden devaluarse e idealizar al agresor debido a la diferencia de poder entre la víctima y el agresor, así como la intermitencia extrema entre el buen y el mal trato.

Como explica Edda en sus textos, la separación de la pareja es un paso importante, pero no es el único ni el último. Analizar y contar lo ocurrido y vivido, identificar las violencias por sutiles que sean, aprender a amarnos, confiar en nosotras, aprender a poner límites, pedir ayuda, generar apoyos, conectar con nuestros deseos y necesidades o reparar y sanar el daño recibido son algunas de las claves que debemos trabajar. Edda refleja también su angustia al descubrir, tras la separación, el riesgo que tiene de reproducir lo vivido. El miedo a necesitar un hombre para sentir que vale.

Otra de las claves fundamentales en este tipo de procesos es identificar la violencia. Existen diferentes tipos de violencia:

  • Violencia física: empujones, bofetadas, golpes, pellizcos, mordiscos, palizas.
  • Violencia psicológica: amenazas, vejaciones, coacción verbal, insultos, aislamiento, descalificación, órdenes, privación de libertad, ridiculización, destrucción de objetos, desautorización, control del dinero, manipulación afectiva.
  • Violencia sexual: cuando te imponen una relación con tu cuerpo que tú no quieres por cualquier motivo.
  • Violencia económica: estar fuera del control económico de los recursos familiares y tener que pedir dinero para los gastos comunes, en lugar de compartir trabajos, tareas y recursos. También es control económico no consultar a las mujeres sobre los grandes gastos e inversiones del dinero familiar.
  • Violencia simbólica: reproducir los roles sociales, el status y las asignaciones asimétricas de género que la sociedad reconoce. Es una violencia que pasa desapercibida pues se alimenta de las creencias y la cultura popular.

En el caso de la violencia psicológica, existen una serie de indicadores que ayudan a detectarla (como se refleja en la Guía de los buenos amores):

  • La destrucción de objetos con un especial valor sentimental.
  • Insistencia en considerar a la víctima loca, estúpida o inútil.
  • Culparle de todo lo que sucede.
  • Ignorar su presencia.
  • Mirarla con desprecio.
  • Manifestar celos y sospechas continuas.
  • Dejarla plantada.
  • Nunca darle explicaciones de nada.
  • Mentirle.
  • Inducirle al suicidio y/o amenazarle con suicidarse él.
  • Tratarla como a una niña pequeña.
  • Elogiarla y humillarla alternativamente.
  • Hacerle regalos y luego quitárselos.
  • Exigirle que adivine sus pensamientos, deseos o necesidades.
  • Revisar sus cajones y pertenencias.
  • Abrir la correspondencia personal y escuchar las conversaciones telefónicas.
  • Abrir los mensajes del correo electrónico, Messenger, redes sociales, etc.

También para el maltrato social existen indicadores:

  • El maltrato verbal en presencia de terceras personas, el control de las relaciones externas (familia, amigos, llamadas de teléfono).
  • Sabotea los encuentros familiares.
  • Impide que lo acompañes a actividades o impone su presencia a la fuerza.
  • Se hace la víctima en público diciendo que ella lo maltrata.
  • Incluye el control constante de las actividades y provoca que la víctima se auto-aísle para no enfurecer al maltratador y así evitar “ponerse en evidencia” ante amigos y amigas o familiares.
  • La víctima pasa a rendir cuentas de cada movimiento.

Por último, hay que entender cómo se desarrolla la violencia, en qué consiste el denominado “ciclo de la violencia”. Leonor Walker (1979) lo explicó en 3 fases:

 

  • Fase de la acumulación de tensión: se destruye la comunicación, la tensión crece, ella intenta calmar la situación.
  • Fase de explosión violenta: abusos, intimidación, amenazas, acusaciones, agresiones verbales, psicológicas, físicas y /o sexuales.
  • Fase de “Luna de miel”: se prometen cambios, “no volverá a pasar”, se pide perdón, ya no hay agresión, él se muestra cariñoso y amable.

 

Para poder sanar las repercusiones psíquicas del maltrato hay que realizar un proceso psicológico complejo, en el que una buena terapia puede servir como punto de partida para acompañar el proceso de la víctima. El caso de Edda es un ejemplo de cómo se puede salir de una situación de violencia machista, por difícil que parezca al principio. En nuestro caso, como profesionales, nos resultan fundamentales las aportaciones de investigadoras feministas y del propio movimiento.

Nos queremos vivas, nos queremos sanas, nos queremos bien.

 

MATERIALES COMPLEMENTARIOS:

Guía de los buenos amores

No te líes con los chicos malos

Los vínculos amorosos (Fina Sanz)

Claves feministas para el empoderamiento de las mujeres (Marcela Lagarde y de los Ríos)

TESTIMONIO DE EDDA:

Testimonio de Edda, parte 1: “Soy una yonqui”

Testimonio de Edda, parte 2: “Recaer”

Testimonio de Edda, parte 3: “De viaje”

“De viaje”

Edda es una paciente de Idealoga Psicología. Llegó a la consulta por problemas de pareja y descubrió que estaba viviendo una situación de malos tratos. Escribir lo que sentía le ayudó a identificar su problema. Ahora comparte esos textos que escribió en tres partes: el primero al poco tiempo de tomar la decisión de separarse, el segundo meses después y el último en la actualidad. “Lo escribí para mí. Pero lo comparto feliz por si a alguien le aporta”, dice Edda. Este es el tercero y último de sus tres textos:
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5 meses después de Yonqui, 3 meses después de Recaer, ahora estoy De viaje.

Me siento liberada del abuso, aliviada de haberlo dejado atrás, orgullosa de haber dado el paso, de haberme atrevido a saltar, de haber vencido el miedo, de haber sido capaz de pedir ayuda. Me siento empoderada, libre, capaz. Y recorriendo un viaje apasionante hacia dentro de mí para entender y sanar lo que ya estaba roto antes de conocer a mi ex. Para identificar y curar las heridas nuevas y profundas que él me causó. Para estar protegida y no volver a dejarme someter, para identificar las violencias por sutiles que sean, para aceptar mis deseos como legítimos. Para no volver a volatilizarme al lado de una pareja.

Este viaje es apasionante, pero no exento de lágrimas. Me remuevo, se despiertan los fantasmas, me bloqueo, me caigo, me levanto con más impulso. Tengo ganas de salir, de bailar, de hablar y hablar y hablar…

La relación con el padre de mi hijo duró 13 años, en los que casi me aisló. Cambié de amigos, casi nadie fue consciente de mi transformación. No sé ni cómo expresar la alegría de reencontrarme ahora con muchos de ellos, que me han recibido como si hubiese estado simplemente lejos. Siento que vuelvo a ser yo, a expresarme sin tenerle a él como gran censor en mi cabeza. A decidir sobre mi vida y sobre mi cuerpo. 

Aun me queda mucho por recorrer, mucho por desaprender y mucho que sanar. Pero yo no estoy sola. Tengo una terapeuta que me guía y que me abraza. A ella le debo esta segunda oportunidad de vivir una vida plena. Y tengo una bellísima red de amigas-hermanas que hacen el camino conmigo. Nos escuchamos, nos sostenemos, nos abrazamos y nos lo pasamos bomba.

A veces me invade la rabia por todo lo que me han hecho y me he dejado hacer. ¿Donde estaba yo? Estoy aquí ahora. Disfrutando cada día, cada experiencia, cada revelación. Investigando con ilusión, orgullosa de lo que descubro y profundamente feliz de vivir esta experiencia entre hermanas.

“Recaer”

Edda es una paciente de Idealoga Psicología. Llegó a la consulta por problemas de pareja y descubrió que estaba viviendo una situación de violencia machista. Escribir lo que sentía le ayudó a identificar su problema. Ahora comparte esos textos que escribió en tres partes: el primero al poco tiempo de tomar la decisión de separarse, el segundo meses después y el último en la actualidad. “Lo escribí para mí. Pero lo comparto feliz por si a alguien le aporta”, dice Edda. Este es el segundo de sus tres textos:
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El carrusel de sentimientos y emociones. La montaña rusa de estados de ánimos y pensamientos. La mente intentando poner orden en las tripas, que se rebelan. La disociación que ha estallado por los aires.

Los meses anteriores de calma, frialdad, eficacia, eficiencia, decisiones, pensar, hacer, actuar, ejecutar, resolver, siguiente, resolver, siguiente, resolver, resolver, resolver…

Lo estoy haciendo bien, estoy muy bien, lo estoy haciendo muy bien. Estamos muy bien. Así debe de ser. ¡No era tan difícil! Decidir, ejecutar, hablar, analizar. Mucha mente, mucha lógica, mucho análisis, poca pena. La metadona funciona, parece.

Y puf, se esfuma.

Ansiedad, llorar, no poder pensar, no poder hacer, solo llorar, que alguien se ocupe de mi vida por favor. De mi casa, de mi hijo, de mi curro. Yo no puedo. Yo solo puedo llorar y esperar a que llame, a que escriba, a saber de él. Ha invadido mi vida, mi cuerpo, mi mente, mi pensamiento, mis tripas, mi tiempo, mis ganas, mi ilusión.  Estoy pero no soy. Quién soy??

Dónde estoy?? Donde está todo el trabajo anterior? Las convicciones, los análisis, la alegría, el alivio, el saber que avanzo, el saberme fuerte.

Un roce de piel, un polvo, una noche de sexo y me volatilizo. Dejo de ser y de estar en mi vida. Ya solo quiero vivir agazapada en el huequito de su vida que él decida, sin molestar.

Parecía una buena idea buscar con quién follar, así sin más.

Pero no. Si me rozan, me destruyo. Si me gusta, desaparezco. Aun no puedo volver a probar las drogas.

“Soy una yonqui”

Edda es una paciente de Idealoga Psicología. Llegó a la consulta por problemas de pareja y descubrió que estaba viviendo una situación de violencia machista. Escribir lo que sentía le ayudó a identificar su problema. Ahora comparte esos textos que escribió en tres partes: el primero al poco tiempo de tomar la decisión de separarse, el segundo meses después y el último en la actualidad. “Lo escribí para mí. Pero lo comparto feliz por si a alguien le aporta”, dice Edda. Este es el primero de sus tres textos:
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¿Pero por qué volvió con él? ¡Retiró la denuncia! ¿Cómo podía no darse cuenta? Aquí hay gato encerrado. Ella no es tonta, algo habría ahí que no sabemos. Si no, no se explica. Es imposible que te hablen y traten así y con todo y con eso tú decidas olvidar y volver. A lo mejor no era para tanto, a lo mejor exageró. No sería tan así como lo contó. Hay algo que no cuadra. Es que si fuese así no vuelves. Nadie vuelve para que le machaquen.

Yo también pensé esas cosas. Hasta que me pasó a mí. Y entonces, en todo el penoso y difícil proceso descubrí que no solo era una superviviente de maltrato. También era una yonki. Mi ex era la heroína. Estaba enganchada.

Aunque nunca me haya metido nada por las venas, estoy convencida de que los y las adictas al caballo saben que la heroína les destruye sus vidas. Les destruye el cuerpo, les destruye el círculo social, el futuro. Pero les proporciona también un inmensísimo (aunque efímero) placer. Coge el mejor orgasmo de tu vida, multiplícalo por mil y ni siquiera andarás cerca. Así lo definen en Trainspotting. Y ahí nace el enganche.

El maltrato no es que alguien te trate mal. A todas nos han tratado alguna vez mal en un restaurante, en una tienda, en la cola de embarque de un avión, en la escuela, en la universidad, en el supermercado, en un hospital. Eso no es maltrato. Porque en ninguno de esos casos quieres después abrazar a la persona que te ha tratado mal. En una relación de maltrato en la pareja, sí.

No soy médico, ni psicóloga, ni psiquiatra. No sé cuáles son los mecanismos cerebrales que se estropean en una relación de maltrato. Pero sé que existen.

Algo hay en la bioquímica del cerebro que provoca que SIENTAS que la persona que te está destruyendo sea también la (única) capaz de sanarte, de reconfortarte. Sólo él tiene el bálsamo. Y es muy difícil renunciar a la esperanza de que, esta vez sí que sí, te lo dará y estarás bien.

Mi cerebro no es capaz de asociar espontáneamente a mi ex con la causa de mi dolor. No es capaz, no funciona. Mi consciencia sí que puede, pero siempre llega tarde.

Tengo 35 años. He sobrevivido a 13 años de maltrato psicológico. Hace apenas dos meses que me di cuenta de mi situación y solo uno que me separé. Estamos en guerra por la custodia de nuestro hijo (3 años). Mi ex no me quiere soltar, nada está siendo fácil. Soy plenamente consciente de que la guerra es hacia mí. Quiere que vuelva con él o destruirme (quizás ambas cosas sean lo mismo). Lo denuncié después de que agrediera a alguien de mi familia delante del niño. La causa está archivada provisionalmente y recurrida. La guardia civil apreció riesgo bajo. Me llaman de vez de cuándo.

Hasta que el juez se pronuncie, está tolerando que yo tenga la custodia. El niño pasa con él algunas tardes a la semana y findes alternos. Cuando me entrega al niño, nunca pierde la ocasión de hacerme mierda, delante del crío. ¿Pero qué siento yo el instante anterior a que abra la boca, cuando entro en el bar y le veo jugando con el niño? Ternura. Deseo que todo haya sido un mal sueño. LO QUIERO ABRAZAR. Y que me abrace. Y que todo vuelva a estar bien. 

Mi consciencia me habla: NUNCA ESTUVO BIEN. No hay nada que rascar. Este hombre te hace daño deliberadamente y le hace daño a mi hijo intentando destruir a su madre. Yo no merezco esto.

Soy una yonqui pasando el mono a pelo. ¿Alguien que me pase metadona?

Cuando el “amor” nos daña

Por Eva Barrio 

Imagen de Natalia Belizon

 

Últimamente me encuentro en mi consulta con numerosos casos de chicas que me piden ayuda porque no se encuentran bien. No identifican el motivo pero sí saben que “algo” les provoca malestar. Ese “algo” se traduce en ansiedad, angustia, estado de ánimo bajo,  dificultad en la concentración, insomnio…

Me llama la atención, cuando empezamos a explorar su momento vital: situación familiar, laboral, relaciones afectivas… cómo normalizan situaciones en las que están sufriendo, y mucho. Situaciones relacionadas con las relaciones de pareja.

Por esta razón he decidido escribir este artículo, en el que propongo algunos indicadores que nos pueden ayudar a identificar algunas situaciones difíciles de afrontar o que nos causan sufrimiento. Estos indicadores pueden funcionar como “activadores de alarma, y nos pueden dar pistas de que algo no está bien o nos crea malestar en nuestra vida, en las relaciones personales, de pareja, etc.

¿Qué indicadores tenemos que tener en cuenta para saber cuándo “el amor” nos daña?

  • Cuando el control se camufla de interés hacia la otra persona: saber con quién salgo, dónde salgo, quién da a “me gusta” en mis redes sociales, comprobar si estoy en línea o no, en el watshapp, etc., no es un indicador de que la otra persona se interese por mí, es un indicador de control.
  • Los celos no son un indicador de amor, los celos son un indicador de inseguridad y falta de confianza.
  • Sentir miedo o pena hacia la otra persona: acceder a las necesidades o deseos de la otra parte desde estos sentimientos no es sano, cuando así lo hacemos nos llenamos de rabia y reproches.
  • Los silencios: cuando nos enfadamos necesitamos un tiempo para poder restablecer el contacto de una manera sana, sin querer dañar o destruir a la persona que ha desencadenado nuestra rabia. Un tiempo no son días ni semanas, cuando son días o semanas es un castigo, una manera de manipular a la otra persona.
  • La desatención: cuando nuestras necesidades y deseos no son atendidas ni escuchadas casi nunca por la otra persona y nos sentimos culpables porque nos dicen que pedimos mucho, que no somos pacientes…
  • “Amenazar con el vínculo”: la ruptura o duda en el vínculo no es una manera adecuada de gestionar los conflictos ni de resolverlos. En estas situaciones la persona que recibe la amenaza suele ceder pero por miedo al abandono, a la pérdida.
  • Compartir momentos o experiencias con otras personas no es un indicador de desamor o descuido a la pareja. Dar importancia a la relación no implica que ésta se convierta en lo único y lo más importante siempre.
  • Sentir miedo hacia lo que tu pareja pueda hacer o cómo pueda reaccionar ante tus opiniones, sentimientos, o actos.
  • Cuando la culpa o la pena nos mantienen en la relación. Mantener la relación porque nos sentimos culpables de lo que le pase a la otra persona si no estamos con ella hace mucho daño al vínculo y a las partes implicadas.
  • Los gritos, insultos, amenazas o golpes no son expresiones de la rabia, son conductas violentas.

¿Qué indicadores podemos tener en cuenta para saber que una relación es sana?

  • Cuando las personas se quieren, se respetan y se divierten estando juntas.
  • Tratarse bien, con ternura y sin faltarse al respeto.
  • Tener confianza mutua y no comprobar si lo que hace o dice la otra persona es verdad.
  • Tener diferentes opiniones y poder hablar de ellas sin que ninguna parte imponga su opinión.
  • Compartir experiencias y momentos, sin dejar de disfrutar de tiempo y espacios personales para estar con tus amistades, familia o realizar una afición, sin que te moleste que la otra persona haga lo mismo.
  • No abusar de la otra persona pidiéndole constantemente que haga cosas por ti.
  • Poder expresarnos con total libertad.
  • Aceptar y respetar las opiniones, gustos, actividades, amistades… de la otra persona.
  • Apoyarse mutuamente en planes y proyectos aunque éstos no siempre coincidan.
  • Reconocer cuando nos hemos equivocado.

Yo soy yo

Tú eres tú

Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas

Tú no estás en este mundo para cumplir las mías.

Tú eres tú

Yo soy yo.

Si en algún momento o en algún punto nos encontramos

Será maravilloso

Si no, no puede remediarse

Falto de amor a mí mismo

Cuando en el intento de complacerte me traiciono

Falto de amor a ti

Cuando intento que seas como yo quiero

En vez de aceptarte como realmente eres

Tú eres tú y yo soy yo

(Fritz Perls)

Damos el salto a las redes sociales

Hace tiempo que lo veníamos pensando y por fin nos hemos decidido: desde Idealoga Psicología nos sumamos a las redes sociales con perfil propio. Hasta ahora habíamos estado utilizando los perfiles generales de Idealoga y Heliconia para compartir nuestros contenidos, pero creemos que tenemos muchas cosas que contar y que podemos hacerlo de manera independiente.

Lo hacemos con el objetivo de darnos a conocer pero también con vocación de servicio público: queremos estar disponibles en la red para quien nos busque o necesite información sobre nosotros y nosotras. Estar en contacto con la gente para acompañarla en la búsqueda de una vida buena, de la consecución de sus propios objetivos. Y a partir de ahí, crear una comunidad donde sentirse a gusto: lo que ya hacemos offline, pero ahora de manera online.

Somos un equipo de profesionales de la psicología comprometidos y comprometidas con la mejora continua de nuestras competencias y saberes. Diversas trayectorias, especialidades, enfoques y experiencias enriquecen nuestro saber hacer y nos permiten dar siempre la mejor solución posible. Sacar adelante los retos que se nos plantean, tomar decisiones de manera inteligente, desarrollar nuestras habilidades de asertividad y comunicación, disfrutar con plenitud de nuestras emociones, ser felices con las personas con las que compartimos vida y a las que queremos… En definitiva, vivir una vida plena, son objetivos que todo el mundo persigue y para los que nuestro equipo puede servir de ayuda. Para ello ofrecemos servicios de terapia psicológica y formación para el desarrollo personal, que buscan el empoderamiento de las personas en esa búsqueda de una vida buena.

Facebook y Twitter 

A partir de ahora, estaremos disponibles en redes sociales: en el perfil de Facebook Idealoga Psicología y en el de Twitter @IdealogaPsico. Ahí os contaremos nuestras principales novedades, como talleres o eventos, os presentaremos a los integrantes de nuestro equipo y os trasladaremos las experiencias de distintos clientes que han pasado por aquí. También subiremos fotos de nuestras actividades y de nuestros espacios, que nos esforzamos por cuidar y hacerlos acogedores. Y estaremos encantados de recibir vuestros comentarios, opiniones o cualquier tipo de interacción. Os invitamos a seguirnos para estar al día de toda nuestra actualidad y a formar parte de nuestra comunidad.

Por el equipo de Idealoga Psicología: Patricia Calvo, Eva Barrio, Beatriz Cubilledo, Jacobo Blanco, Isabel Trasobares, Eduardo Villalobos y Diego Delgado.

 

Vínculo de pareja. ¿Qué hace que una relación de pareja merezca la pena?

Vínculo de pareja. ¿Qué hace que una relación de pareja merezca la pena?

La relación de pareja la podemos definir, de forma general, como la unión de dos personas con un proyecto común, en un momento temporal determinado, donde se satisfacen o cubren necesidades personales.

¿Qué deseos o necesidades satisfacemos en el seno de la pareja? Algunos de los más importantes son:

Afectivo-sexuales. Los vínculos afectivos y la sexualidad son aspectos fundamentales en las relaciones de pareja, los vínculos cálidos con expresión de afectos positivos como caricias, ternura, complicidad sutil pueden ser uno de los pilares de la pareja.

Seguridad. La sensación de tener un lugar donde refugiarse u otra persona a la que acudir en caso de dificultades como una enfermedad o problemas económicos.

Valoración. El reconocimiento de aspectos interesantes y satisfactorios, la valía, o las habilidades de uno o una misma, por parte de la otra persona, puede ser un aspecto fundamental en la relación.

Tener hijos o hijas. El deseo de tener descendencia y dar vida, el deseo de cuidar de otras personas.

Regulación emocional. La otra persona puede ser una fuente de regulación, de disminución de la tensión, del estrés, de las preocupaciones cuando uno o una misma no consigue disminuir la tensión emocional o el estrés.

Uno de los factores determinantes que hace que sintamos que el estar en pareja merece la pena es tener la sensación subjetiva de que ganamos más estando en la relación que fuera de ella, es decir, cubrimos más necesidades con la pareja que sin la pareja.

¿Qué dificultades pueden hacer surgir la sensación de que se gana menos con la pareja que sin ella? Pueden surgir dos dificultades fundamentales:

  1. Los miembros de la pareja tienen grandes diferencias en sus deseos o necesidades y como consecuencia alguna de las partes (o ambas) puede percibir que no cubre necesidades básicas.
  2. Las expectativas o ideales de alguna de las partes (o ambas) son demasiado elevados y hacen quedar en falta (tener la sensación de que nos falta algo, de una forma difusa) e insatisfacción continua. En nuestra infancia y adolescencia podemos generar un ideal de pareja donde depositamos todas las esperanzas de obtener lo que deseamos y necesitamos, sin embargo, esto es imposible debido a que las personas tenemos diferentes grados en las necesidades y deseos básicos.

Algunas de las formas de intervenir sobre estas dificultades que pueden surgir en la pareja son:

  1. Reconocer nuestras necesidades, preguntarnos ¿qué necesidades tengo? ¿en qué grado? ¿cuáles son más importantes para mí?
  2. Expresar esas necesidades a la pareja, transmitirlas, explicarlas.
  3. Reconocer las necesidades de la pareja, preguntar por ellas, entenderlas.
  4. El continuo encuentro y desencuentro de las necesidades y deseos humanos nos obliga a negociar continuamente, a expresar lo que necesitamos, a escuchar a la otra persona y lograr encontrar cierta satisfacción por ambas partes.

 

Eduardo Villalobos. Idealoga Psicología.

Malestar en las discusiones. El triángulo dramático.

Las discusiones son una forma de comunicación en la que habitualmente tomamos un tipo de rol específico y esto nos puede producir malestar. Cuando pensamos o hablamos contamos historias propias, a nosotros y nosotras mismas y a los y las demás, dando significado a nuestro día a día. En estas historias se buscan personas aliadas que nos entiendan y apoyen.

Cada cual se puede ver como una víctima, como una persona acusadora o como un persona salvadora-juez. Generalmente, Nos vemos como víctimas, aquellas personas que nos generan malestar son acusadoras; cuando se lo contamos a alguien le pedimos que sea una persona salvadora-juez.

Tenemos pues, los tres puntos que forman el triángulo: Se da un juego en el que las personas implicadas van cambiando de papel, moviéndose entre víctima, persona acusadora y persona salvadora. Un ejemplo claro son las típicas discusiones de pareja:

 

– ¡Has vuelto a dejar el baño hecho unos zorros! (persona acusadora)

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– No he tenido tiempo de limpiarlo porque tenía que hacer la cena (víctima)… encima que cocino para ti y para mí, no me digas que eres incapaz de quitar un par de pelos en lugar de estar en el sofá. (persona acusadora)

– ¿Perdona? Pero si he bajado a hacer la compra (víctima) mientras tú estabas de cañas (perosna acusadora). De no ser por mí no habría nada en la nevera ahora .(persona salvadora)

 

Durante este bucle nos enganchamos de manera inconsciente y continuar solo empeora la situación. Pero lo más importante es que oculta los verdaderos motivos del malestar. La sensación de falta de implicación, fatiga, demanda de atención, etc. no se expresan abiertamente porque puede resultar doloroso. Es más fácil pensar en el otro como una persona acusadora y en nosotros o nosotras mismas como una víctima que comenzar a ser personas salvadoras.

Cuando estos casos se dan con demasiada frecuencia, es recomendable buscar ayuda para cambiar esta forma de relacionarnos. Conseguir integrar es mostrar que somos victimas que acusamos y podemos salvarnos mutuamente. Es el primer paso para poder hablar de esos sentimientos más profundos que sustentan estas discusiones habituales.

Jacobo Blanco. Idealoga Psicología.

Conoce más detalles sobre el mindfulness

¿Qué es mindfulness?

Mindfulness suele traducirse como Atención plena o Conciencia plena. Proviene de la meditación budista pero la práctica de mindfulness se enseña y puede realizarse desprovista de toda idea religiosa. Mindfulness es ser consciente, prestar atención momento a momento a lo que nos rodea, a nuestras emociones, a nuestros pensamientos, a nuestras sensaciones corporales,y no juzgarlas.

Fue introducida por Jon Kabat-Zinn, fundador de la Clínica de Reducción de Estrés en el Centro médico de la Universidad de Massachussetts. Al ver que parte de los pacientes, sobre todo con dolor crónico, no mejoraban a pesar de todos los tratamientos médicos creó el programa de reducción de estrés basado en mindfulness, también conocido como MBSR o REBAP, con la hipótesis de que el estrés de estas personas no les permitían beneficiarse al 100% de los tratamientos médicos.

John Kabat-Zinn define mindfulness como “prestar atención de manera intencional al momento presente, sin juzgar“.

Existen diferentes ejercicios de mindfulness como la atención a la respiración, a los movimientos corporales a través del yoga o el escáner corporal, ejercicio a través del cual se va llevando la atención a través de las sensaciones corporales. La práctica regular de mindfulness tiene numerosos beneficios demostrados como la disminución del estrés, del insomnio, la ansiedad o el aumento de la sensación de calma y tranquilidad.

¿Cómo se hace mindfulness?

Para la práctica de mindfulness son importantes 7 actitudes básicas:

No juzgar

Si hemos de hallar una forma más eficaz de gestionar el estrés en nuestras vidas, lo primero que necesitaremos es tomar conciencia de esos juicios automáticos para ver a través de nuestros prejuicios y liberarnos de su tiranía. “

La práctica de la conciencia plena consiste en observar sin juzgar. Simplemente ver que pasa.

Paciencia

Un niño puede intentar ayudar a una mariposa, rompiendo la crisálida, aunque por regla general, la mariposa no resulte en absoluto beneficiada. Cualquier adulto sabe que la mariposa sólo puede salir al exterior cuando le llega el momento y que no puede acelerarse el proceso.”

Mente de principiante

Observar como si fuera la primera vez que lo hicieras. Despojándose de todo prejuicio que provenga de la experiencia.

Confianza

Confiar en uno mismo, en una misma. No se trata de seguir a alguien porque sea un “maestro”, un “experto” en algo. En las prácticas se trata de ir adaptándose a lo que el momento presente vaya guiando.

No esforzarse

No pretender llegar a ninguna parte. En mindfulness no hay ninguna finalidad más allá de estar, de ser, de observar. No se trata de esforzarse en que algo no duela, en que una sensación no esté, en que un pensamiento se vaya. Consiste simplemente en dejarlo estar.

Aceptación

Permitir que las cosas sean tal y como son. No intentar cambiar lo que sucede en ese momento. Focalizando en el presente, aceptarse tal y como se es en este momento.

Ceder

Dejarse llevar igual que por la noche al acostarte. No intentar controlar la experiencia, no aferrarse a las creencias o sensaciones.

El ejercicio más simple de poner en práctica es la atención a la respiración. Consiste en elegir un momento del día en el que no vayan a interrumpirte. Adoptar una posición cómoda para ti, preferiblemente sentado/a con la espalda recta, cerrar los ojos y centrar la atención en las fosas nasales, en la respiración. Cada vez que la mente se vaya a algún pensamiento dejarlo pasar y volver a llevarla hacia las fosas nasales y la respiración. Observar como es, como va cambiando, la temperatura, como el aire entra y sale. Se puede empezar probando con diez minutos e ir ampliando el tiempo. Para ello se recomienda poner una alarma para evitar estar pendiente de la duración del ejercicio.

¿10 minutos son muchos? Empieza entonces con la ayuda de este vídeo

Pepa Sánchez. Idealoga Psicología