Algunos apuntes sobre nuestro taller de “Familias Inteligentes”

  1. El pasado 10 de junio en Idealoga Psicología contamos la presencia de Antonio Ortuño, quien se encargó de realizar la formación para profesionales englobada en nuestra serie de talleres “Neuronas y Tornillos”. En el taller “Familias inteligentes, aplicación práctica de la parentalidad positiva”, durante cuatro horas repasó las claves y técnicas que utiliza en su práctica profesional con familias.

De una forma muy gráfica, plantea que la crianza es vivida como si consistiera en cruzar un puente sustentado por dos pilares: uno de ellos representa la atención a las emociones, los cuidados, el apoyo incondicional, etc., mientras que el otro supone el control, los límites, la gestión de conflictos, etc. Es mediante este símil que busca la integración del plano emocional y el conductual, siendo muy amables con los sentimientos y muy coherentes con las conductas.

Otro elemento clave está en definir el locus de control de la persona que tiene que tomar una decisión, en este caso la familia de la persona adolescente. En un principio, en la primera infancia, todo el locus de control es estrictamente interno y la familia ha de decidir todo. A medida que se va transitando de la infancia a la adolescencia, se va ganando autonomía y el control comienza a ser compartido o directamente externo. En base a este fenómeno desarrolla el “semáforo inteligente” que consiste en otorgar a cada momento del desarrollo vital y relacional un color:

  • Semáforo rojo: La habilidad es decir “no”. Son situaciones en las que las decisiones son íntegramente de la familia. Es vital entender que sólo se pueden incluir en este semáforo aquellas decisiones donde haya control estricto y real por parte de la familia. Si la persona  adolescente puede decidir a ese respecto, no hay un locus de control interno real aunque se desee.

En este momento aparecen tres factores a tener en cuenta:

  • Emoción: La respuesta ha de ir orientada a acoger los sentimientos mediante la autoridad empática. Esto es, en definitiva, mantenerse firme en el no, pero teniendo en cuenta cómo se siente la otra persona, de una manera amable que no haga cambiar el mensaje. Por ejemplo: “Entiendo que te gustaría y me imagino como te sientes, pero ahora no es posible…”
  • Solicitud de explicación: La respuesta ha de ser breve, existe cierta tendencia a emplear muchos argumentos, motivos y razones para justificarse, lo cual engrosa más el conflicto.
  • Manipulación: Es una herramienta fundamental que utilizamos todas las personas en ciertos momentos, las familias, los y las adolescentes, niños y niñas. La pauta es no entrar en esta dinámica, conseguir que no funcione.

 

  • Semáforo amarillo: La decisión es compartida. Cumple varias funciones, entre ellas aprender a tomar decisiones, asumir responsabilidades y desarrollar la capacidad de autocontrol.

Retomando el símil del puente y sus dos pilares, por un lado es vital transmitir que su decisión será respetada y acogida emocionalmente. Por otro, habrá una respuesta coherente con las conductas. Por ejemplo: El o la adolescente decide no hacer la cama y después pide jugar a las cartas. Se respeta la decisión de no hacer la cama y ante la petición de jugar, de manera positiva, se expresa lo bien que estaría, pero que tendrá que ser después de hacer la cama. De nuevo, brevedad, asertividad y legitimación emocional. Hay que transmitir que el acuerdo alcanzado (no hacer la cama) es válido, que es una decisión compartida por ambas partes y que tiene consecuencias, todo ello desde la tranquilidad y el reconocimiento de las emociones. Además, se deja claro que es posible generar nuevos acuerdos cuando cambie la situación, con el fin de poder reconducir aquellas cosas que creamos que se puedan mejorar.

 

  • Semáforo verde: El control está en el o la adolescente, la familia simplemente acompaña. Es una oportunidad para demostrar que se es coherente. Este momento implica riesgos pero son necesarios para permitir que se asuman responsabilidades. Es importante comenzar a fomentar cuanto antes este proceso: un buen comienzo es desde la primera infancia con situaciones o tareas adaptadas a las capacidades evolutivas. La idea es comenzar por lo simple para evitar situaciones complicadas.

Es importante resaltar que cada familia decide su semáforo en función de sus ideas y valores. No existe una fórmula mágica que funcione siempre y se pueda aplicar en todo momento. Sin embargo, lo realmente importante es cómo se va creando este semáforo, si es mediante la aceptación, el fomento de la autonomía y la coherencia, o si es todo lo contrario. Además es necesario compartir nuestro semáforo personal con las demás figuras de referencia familiar, para tratar de que el mensaje sea lo más coherente en la medida de lo posible.

Desde Idealoga Psicología damos las gracias a Antonio Ortuño por el tiempo que ha dedicado a compartir su experiencia y buen hacer profesional, así como su disponibilidad y cercanía. Del mismo modo, agradecemos a todas aquellas personas que asistieron al taller y lo hicieron posible.

Nos vemos en el próximo.

Jacobo Blanco

RECURSOS:

Web de Antonio Ortuño

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