Mi hijo o hija es adolescente. La adolescencia «normal».

En muchas ocasiones, como padres o madres de chicos o chicas adolescentes, nos preocupamos porque no sabemos si los conflictos que surgen en el día a día son “normales”, si les estamos ayudando, si estamos dándoles mucha libertad o, al contrario, les estamos dejando demasiado espacio.

Cuando en casa surge una pelea, una salida de tono, los chicos o chicas se ponen rebeldes, no respetan las normas que les proponemos, cuando de forma general se exceden, suspenden sus exámenes, faltan a alguna clase; probablemente las preguntas instantáneas son ¿lo estaremos haciendo bien? ¿qué podemos hacer mejor? Esto es habitual, hay miles de padres y madres con las mismas inquietudes y preguntas.

¿Cómo podemos hacer para examinar qué cosas de las que hacemos están ayudando a nuestros hijos e hijas en su desarrollo, autonomía y bienestar?

Podemos empezar por saber qué aspectos son específicos de esta etapa vital y los sentimientos que esto provoca. Así podremos acercarnos a sus necesidades.

Los cambios principales que se dan en la adolescencia, que se destacan en la bibliografía especializada son:

Crisis de oposición debido a la necesidad que tienen de auto-afirmarse, de formar un yo diferente al de sus padres a los que han estado estrechamente unidos/as hasta ahora, con necesidad de autonomía, de independencia intelectual y emocional. Por eso el/la niño/a, deja de ser de los padres, para ser de los/as demás, especialmente de los amigos y amigas.

Fluctuaciones emocionales, a veces con la sensibilidad a flor de piel y otras en las que parece carecer de sentimientos. Es por eso que un día nos sorprenden con un abrazo y otro día rechazan cualquier muestra de cariño.

Imaginación desbordada: sueñan, y esto no es más que un mecanismo de defensa ante un mundo para el que se están preparando. Es un medio de transformar la realidad, pueden imaginar un porvenir, como modelos, o futbolistas de elite, o campeones de surf, actores, etc.. .Ellos /as pueden cambiar el mundo, hacerlo mejor.

Gran valorización del aspecto físico: se reconoce al adolescente cuando comienza a serlo, simplemente por las horas que le dedica al espejo. Le concede una importancia extrema a su físico: puede lamentarse por un grano en la nariz, obsesionarse por la ropa,… quieren estar constantemente perfectos/as aunque su visión de la estética no tenga nada que ver con la nuestra, como adultos/as.

Crisis de la adolescencia (crisis de “originalidad”) que presenta dos aspectos:

a) Individual: como afirmación del yo, con gusto por la soledad, el secreto, las excentricidades en el vestir, o en su forma de hablar o de pensar. Necesita reformar, transformar el mundo, ser distinto/a y especial.

b) Social: aquí está la rebelión juvenil: rebelión en cuanto a los sistemas de valores de los adultos y las ideas recibidas. Achacan al adulto sobretodo su falta de comprensión y el hecho de que atenta contra su independencia. Hay una necesidad clara de participación, la uniformidad en lenguaje y en vestimenta de los adolescentes, no es más que la necesidad de afecto, de ser considerado/a, aprobado/a por el propio grupo, y que a veces lo viven de una forma obsesiva.

Los sentimientos que acompañan a estas manifestaciones, son consecuencia directa de las crisis o cambios que están atravesando:

  • Sentimientos de inseguridad: sufre a causa de sus propios cambios físicos que no siempre van parejos con su crecimiento emocional, puesto que la pubertad, es decir la madurez física, siempre precede a la psíquica, con lo que a veces se encuentran con un cuerpo de adulto, que no corresponde a su mente, y por lo tanto no se reconocen, y desarrollan una fuerte falta de confianza en si mismos/as.
  • Sentimientos angustia: existe una frustración sostenida en el tiempo. Por una parte le pedimos que actúe como una persona adulta (en sociedad, responsabilidad…) y por otra se le/la trata como un niño o niña, se le prohíbe vestir de una u otra forma, o se reglamentan sus salidas nocturnas, etc… Esta angustia es la manifestación de la tensión que el o la adolescente soporta y provoca en ocasiones:
    • Cierta agresividad, como forma de abordar la frustración que les produce no poder hacer algo que desean o no poder mantener una imagen fuerte de sí mismos/as ante los demás.
    • Cierta evitación, de situaciones, contextos y personas que les producen angustia e inseguridad y que prefieren no enfrentar cuando no se ven capaces de mantener la imagen que tiene de sí mismos/as.

 

Estas características entran dentro de la normalidad de un chico o una chica adolescente, dentro de unos límites. Cuando es exagerado, cuando vemos que el/la adolescente está  sufriendo mucho y/o hace sufrir a los/as demás, cuando vemos que se altera toda su vida y que esos sentimientos le condicionan absolutamente, que de alguna forma le alejan en exceso de la realidad; nos puede ayudar parar y pensar en sus necesidades.

Eduardo Villalobos. Idealoga Psicología

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